Friday, June 27, 2008

La Serva Padrona & Acis y Galatea

Teatro Avenida. Jueves 26 de junio.
La Serva Padrona, intermezzo en dos partes. Música: Giovanni Battista Pergolesi. Libreto: Gennaro Antonio Federico. Originariamente era un intermezzo en la ópera seria de Pergolesi Il prigioniero superbo. Sonia Stelman (Sepina), Sergio Carlevaris (Uberto), Juan Peltzer (Vespone).
Acis y Galatea, masque en tres actos. Música: Georg Friedrich Haendel. Orquestación de Wolfgang Amadeus Mozart. Libreto: John Gay, John Hughes y otros, basado en Las Metamorfosis de Ovidio. Leonardo Pohl (Acis), Soledad de la Rosa (Galatea), Alejandro Meerapfel (Polifemo), Lucas Werenkraut (Damon).
Oscar Barney Finn, dirección escénica. Raúl Bongiorno, escenografía. Mini Zuccheri, vestuario. Eli Sirlin, iluminación. Coro y Orquesta de la Universidad de Buenos Aires. Dirección musical: Andrés Gerszenzon.

Interesante puesta doble de Juventus Lyrica en el precioso Teatro Avenida, la de la ópera buffa La Serva Padrona, de Pergolesi, combinada con la composición barroca Acis y Galatea de Haendel, modernizada orquestalmente por Mozart. La obertura de la Oda a Santa Cecilia, también de Haendel, tocada con soltura por una orquesta muy convincente, dio paso a la introducción, en la que dos actores (uno en idioma italiano, el otro en inglés bien británico) se disputan graciosamente el primer lugar en la representación. Y triunfa La Serva Padrona, que comienza luego de un cruce desdeñoso entre las protagonistas de ambas obras.
Esta pieza breve y cómica, nacida como intermezzo de ópera seria para entretener a los espectadores, narra en forma natural y fresca la historia de Uberto, un solterón altanero manipulado por su criada Serpina, cuya única y constante obsesión es casarse con él y pasar, precisamente, de sierva a patrona. Es muy acertada aquí la escenografía, sencilla mas dinámica y original, de Raúl Bongiorno: los propios intérpretes se encargan de mover sobre el escenario los pocos recursos utilizados y la segunda parte es presentada boxísticamente con un cartel. Ello, sumado al hermoso vestuario escogido por Mini Zuccheri, le otorga una base de credibilidad imprescindible al hilo narrativo, exaltado por las brillantes interpretaciones de ambos protagonistas.
El histrionismo y la perfecta dicción del bajo Sergio Carlevaris subsanan con creces su por momentos baja fuerza vocal, con unas dotes actorales difíciles de hallar en el género: es genial su interpretación del amo engreído y a la vez dubitativo que acaba dejándose manipular por su criada. Su pacato Uberto, de movimientos cortos pero efectivos, derrocha una enorme gracia y expresividad que, con reminiscencias del gran Alberto Sordi en los gestos y las miradas, hace reír y mucho.
La bella soprano Sonia Stelman, de su lado, entrega una Serpina de gran porte, muy bien cantada y actuada. Su voz aparece entonada, limpia y afinada y su personaje dotado de mucho humor, en especial en el pasaje en que relata a la audiencia cómo histeriquea y maneja a su patrón, priorizando sus caprichos. La pareja cierra la pieza en forma muy solvente, cantando a dúo y con sus corazones haciendo eco en una orquesta dirigida con presteza por la batuta de Andrés Gerszenzon.
La obra restante, Acis y Galatea, un tanto extensa quizá, no resultó tan felizmente representada. El libreto, basado en la mitología clásica de Ovidio, cuenta la historia de amor entre ambos protagonistas, con un monstruo malvado y acechante (Polifemo) que, obvio es decirlo, pretende a la dama y ataca a su amante.
Debe, sí, resaltarse la interpretación de Galatea de la talentosa soprano Soledad de la Rosa, que fue todo lo brillante a que nos tiene acostumbrados (su cierre final resultó sencillamente magnífico). Un tanto errante y nervioso comenzó el tenor Leonardo Pohl (Acis), con un registro de voz algo acotado, aunque hacia el epílogo se haya recompuesto un poco. No sólo el suyo, sino también el inglés de Werenkraut (Damon) y de uno de los solistas del coro, sorprendieron por su rusticidad y dificultaron una comprensión más precisa de la historia.
Muy bien cantado, en cambio, el Polifemo de Alejandro Meerapfel, aunque su vestuario haya roto el buen tino con que hasta ese momento se había arropado a los personajes (en lugar de un monstruo parecía un jugador de hockey sobre hielo). Resultó, en esta pieza, más discreta la escenografía, la veta actoral e incluso la coreografía, lo que permitió, en contrapartida, un mayor lucimiento del coro (muy correcto en su interpretación grupal) y de la orquesta a la hora de tocar las bellísimas melodías de Haendel.
Una gran idea de Juventus Lyrica, la de cruzar en forma tan simpática dos obras contemporáneas entre sí aunque muy dispares, con interpretaciones individuales descollantes por lo bien logradas (ambas sopranos en punta) y otras con ciertos altibajos, pero que complementadas con una orquesta casi impecable y la calidad general de su enfoque, vestuario y escenografía conforman una propuesta sumamente agradable.

(publicado en http://www.ocioenbsas.com.ar/)