
Saturday, June 16, 2007
Monday, June 11, 2007
Thursday, May 31, 2007
Lectura argenta en madrid
Cambio de rumbo: lecturas
"Ploc... Ploc... Ploc. Le apasionaba el espectáculo del whisky derramándose sobre un vaso. Sobre todo si el vaso era suyo.
'Ricardo Gonzales', dijo en voz alta varias veces. Solía hacer eso en sus momentos de soledad, cuando el alcohol ya había avanzado lo suficiente como para hacerlo perder la noción del tiempo. No es que olvidara realmente quién era, simplemente lo decía, escuchaba sus palabras, y nada más. No se sentía mejor, ni peor, pero lo hacía. 'Ricardo Gonzales'. Nunca hubiera esperado tener un nombre tan vulgar, pensó. Me lo merezco. Los contornos de las figuras que lo rodeaban habían perdido su forma, y su sentido. Se quedó varios minutos mirando a los ojos de su gato, Ricky, otra vulgaridad. Ricky lo miraba, sin moverse. Nunca se movía. Era uno de esos animales que parecen vivir por inercia, y el día que muera, nadie lo va a notar. Lo miraba, y al mismo tiempo se veía a él mirando a ese gato negro. Le parecía una imagen bastante poética, o estúpida tal vez. La cabeza le daba vueltas frenéticamente, como una montaña rusa endemoniada. Mientras tanto, John Lee Hooker no se cansaba de cantar un blues enfermo de tristeza. ´Lo único que entiendo es el blues, y el blues es el único que me entiende'. Intentó cerrar los ojos, pero la montaña rusa amenazó con salir volando de su cabeza. Decidió seguir tomando hasta que el sueño se lo lleve. Pidió a John Lee Hooker que eso suceda pronto. Notó que las paredes de un color gris resignado que tenía enfrente, empezaban a acercarse y alejarse; no le importó realmente.
'Uno más, cantinero' dijo en voz alta y dibujó una sonrisa estúpida. Recordó una frase de su escritor favorito, Charles Bukowski: 'Cuando estoy bien, tomo para festejar; cuando estoy mal, tomo para olvidar; y cuando no estoy ni bien ni mal, tomo por tomar'."
(Federico Levín, Historias Higiénicas, Buenos Aires, año 2000, Grupo Editor Latinoamericano, primera parte, capítulo I. El inicio de la novela aquí transcripto fue leído en vivo por superloyds en su primera presentación en el bar bukowski, el miércoles 7 de marzo de 2007)
'Ricardo Gonzales', dijo en voz alta varias veces. Solía hacer eso en sus momentos de soledad, cuando el alcohol ya había avanzado lo suficiente como para hacerlo perder la noción del tiempo. No es que olvidara realmente quién era, simplemente lo decía, escuchaba sus palabras, y nada más. No se sentía mejor, ni peor, pero lo hacía. 'Ricardo Gonzales'. Nunca hubiera esperado tener un nombre tan vulgar, pensó. Me lo merezco. Los contornos de las figuras que lo rodeaban habían perdido su forma, y su sentido. Se quedó varios minutos mirando a los ojos de su gato, Ricky, otra vulgaridad. Ricky lo miraba, sin moverse. Nunca se movía. Era uno de esos animales que parecen vivir por inercia, y el día que muera, nadie lo va a notar. Lo miraba, y al mismo tiempo se veía a él mirando a ese gato negro. Le parecía una imagen bastante poética, o estúpida tal vez. La cabeza le daba vueltas frenéticamente, como una montaña rusa endemoniada. Mientras tanto, John Lee Hooker no se cansaba de cantar un blues enfermo de tristeza. ´Lo único que entiendo es el blues, y el blues es el único que me entiende'. Intentó cerrar los ojos, pero la montaña rusa amenazó con salir volando de su cabeza. Decidió seguir tomando hasta que el sueño se lo lleve. Pidió a John Lee Hooker que eso suceda pronto. Notó que las paredes de un color gris resignado que tenía enfrente, empezaban a acercarse y alejarse; no le importó realmente.
'Uno más, cantinero' dijo en voz alta y dibujó una sonrisa estúpida. Recordó una frase de su escritor favorito, Charles Bukowski: 'Cuando estoy bien, tomo para festejar; cuando estoy mal, tomo para olvidar; y cuando no estoy ni bien ni mal, tomo por tomar'."
(Federico Levín, Historias Higiénicas, Buenos Aires, año 2000, Grupo Editor Latinoamericano, primera parte, capítulo I. El inicio de la novela aquí transcripto fue leído en vivo por superloyds en su primera presentación en el bar bukowski, el miércoles 7 de marzo de 2007)
Monday, May 28, 2007
hoy hoy hoy hoy, hoy hoy hoy hoy
Como el dedo ramón, cada vez más arriba !! Cómo está la peña osvaldo soriano acá en madrí, cómo está mi viejo allá en buenos aires, cómo debe estar el viejo del amigo caslas. Hoy estuve en lokos x el fúbol y grité como un hijo de puta, el gol de hirsig fue una jugada de ajedrez chabón. Estamos cerca, vamo a ver qué pasa, por cábala yo me quedo quietito acá en madrid.Con el blog me colgué un poquito, sepan disculpar, es que pasan muchas cosas acá, encima ahora llegó garamona !!
Saturday, May 19, 2007
The kids are all right
Tuesday, May 15, 2007
Imá-rruecos: el dromedario, el guía y su sombra en la arena del sahara
Y muy pronto, el final del viaje a marruecos, el fotolog de loyds y le petit, el viaje a suiza, toda la movida madrileña, la presentación de minimaloyds en lavapiés que estuvo buenísima, la lectura en artépolis y la entrevista que le voy a hacer mañana a juan luis guerra para la sección cultura y espectáculos del periódico corte latino (sí, como lo oyen, ojalá que llueva fernet, carajo).
Wednesday, May 09, 2007
Superloyds desembarca en madrid
Tuesday, May 08, 2007
Marrakech
Pasamos tres días en marrakech. Una ciudad increíble y muy cosmopolita. Miles de personas de todas partes del mundo caminan por sus estrellas callejuelas techadas de los souks (barrios divididos según el oficio de los artesanos) que rodean la plaza jemma el-fna mientras los mercaderes intentan, sin darse nunca por vencidos, venderles cualquier tipo de producto, desde un par de babuchas (unos zapatitos con la punta hacia arriba, bien mil y una noches que la petisa, tentada, se probó varias veces), hasta dátiles, muebles, enormes teteras de metal, turbantes, lo que sea. Nosotros pegamos un mini puf rojo y redondo con un dibujo típicamente marroquí. Ideal para el monoambiente. Eso y unas pocas almendras y nueces cubrió nuestro presupuesto, por lo que puede decirse que para los interminables vendedores fuimos un pingüe negocio. Pero sí nos encargamos de subir a muchas terrazas, de aquellas que tan bien describe viera en el texto del interpretador que linkié en el post anterior. Una vuelta en el desayuno, de día, cuando pudimos observar a los encantadores de serpientes (en la foto) desde una distancia prudencial, evitando que nos atosigaran, víbora en mano, en busca de unos cuantos dirhams a cambio de las fotografías a tomar. Las otras veces, a la noche, para comer. También visitamos las tumbas saadíes, donde están enterrados todos los viejos sultanes ilustres de la ciudad, distintas mezquitas de todo tamaño y color y un palacio o, mejor dicho, las ruinas de uno, gigantescas, con enormes piletas en el medio (la pasaban bien los muchachos) donde la petisa se puso a hacer tai chi. Pero lo imperdible en esta ciudad, además de sus terrazas, es caminar por las callecitas de la medina o ciudad vieja, meterse en los riads (antiguas casas árabes con un patio central y una fuente en el medio, llenas de azulejos pintados de muchos colores), perderse por ahí, hablar con la gente, esquivar a los incansables vendedores y a esas motitos que pasan a los pedos entre la gente. Con la petisa todas las mañanas íbamos a la plaza y nos tomábamos unos jugos de naranja exquisitos (los mejores que tomé en mi vida) en el puesto 17, porque el dueño (en la foto) nos cayó simpático desde el primer día. Después caminábamos sin parar todo el día, comíamos algún kebab por la calle y, a la noche, después de bañarnos y descansar un rato en el hotel (donde conseguimos un cuarto mucho mejor a partir de la segunda noche, con baño privado y un balconcito que daba a una calle peatonal llena de gente que iba y venía), íbamos en busca de alguna terracita donde comer no muy caro mirando la plaza iluminada. Lo único malo es que como los marroquíes son musulmanes, la religión no les permite beber alcohol, entonces estuvimos a pico seco todo el viaje. Le dan al té todo el día y toda la noche (como decía mi amigo ahmed, whisky bereber) y eso te impide acompañar como se debe platos exquisitos como el tajine (hecho con carne y servido bien caliente), que pide a gritos un buen tinto. En algunos lugares te venden vinos importados, pero te rompen el orto, no vale la pena. En la plaza también hay punteros que van y vienen ofreciéndote choco choco en voz baja, pero también pasamos. La verdad que en marrakech la ciudad te basta, no hace falta más nada. Sentarte en una terraza, comer algo rico, ver pasar a la gente, escuchar a los tipos vendiendo cualquier cosa todo el tiempo, absorver una cultura tan diferente y tan cerca de europa. Una experiencia increíble disfrutar de marrakech. Y nosotros la aprovechamos a fondo.Wednesday, May 02, 2007
Recibiendo el interpretador en marrakech
Ya van treinta números de esta revista que devoro cada vez que sale. Y el destino quiso que este número aniversario lo recibiera en un locutorio de marrakech. Llovía mucho y con la petisa decidimos meternos en internet por primera vez en el viaje. Y entonces conocí a carlitos el borracho y su historia del gato montés, del jefe de villa celina, me interné en el primer capítulo de una novela muy interesante del amigo obelix, viajé entre chicago y madison con pedrito mairal y bob dylan y pude leer mi humilde colaboración en las aguafuertes con mi contacto en madrid (aclaración: al final del primer párrafo, donde dice caminado y caminado debió decir caminando y caminando). Y de yapa, me encontré con este exquisito texto de jorge omar viera, precisamente sobre marrakech. Un lujo.
Las casbahs del valle del draa rumbo a marrakech
Las casbahs son pequeñas ciudades amuralladas, generalmente construidas con bloques bien cuadrados de piedra y ladrillos de tierra roja sin cocer, con dos torres ubicadas a ambos lados de una nave central en la que se encuentra la puerta. Dentro de las murallas, que muestran casi ninguna abertura al exterior, se encontraban todos los edificios necesarios para la defensa: amplios establos, cuarteles, graneros, arsenales y cisternas de agua para las casas de las familias bereberes. La atracción principal de la moderna, rosa y afrancesada ciudad de quarzazate, es la casbah taourirt, que conserva un palacio glawi abandonado con algunos techos de madera pintada que vale la pena ver. Con la petisa pasamos gran parte de la mañana perdiéndonos por los distintos cuartos con diminutas ventanas hacia afuera. Después agarramos nuevamente la ruta, ahora en buenos términos con nuestro fercho houssin, con la música al taco, bailando los tres a la vez un tema de música marroquí muy pegadizo. Al rato llegamos a la casbah más importante de marruecos, ait benhaddou, una enorme madriguera enclavada en el valle de una pequeña colina que domina los cuatro puntos cardinales. En ait benhaddou se filmaron algunas de las escenas de lawrence de arabia, jesús de nazaret y, más acá en el tiempo, gladiador. Los vendedores, mientras nos ofrecían todo tipo de productos, como siempre, nos mostraban fotos de la construcción del coliseo para la película de russell crowe contra una de las murallas y otras de ellos mismos vestidos de época para hacer de extras. Un espectáculo total, subimos caminando hasta arriba de todo y el paisaje era increíble. Pasamos varias horas dando vueltas por esta casbah que fue declarada patrimonio de la humanidad por la unesco y todavía está habitada por algunas familias que te invitan a visitar sus casas y a sacarles fotos. Y finalmente nos sumergimos en la trepada al gran atlas nevado a bordo de nuestro taxi. Por suerte pudimos atravesarlo sin contratiempos, la nieve no estaba tan espesa como para cortar la ruta. Fuimos parando en algunos points para seguir fotografiando las imponentes vistas que se nos presentaban desde lo alto de las montañas. Al borde de la ruta o serpenteando junto a ella, durante muchos kilómetros nos seguía un arroyo a cuya vera iban apareciendo plantaciones de distintas especias y, un poco más arriba, algunos pueblitos construidos con la típica e interminable tierra roja. Las mujeres lavando la ropa en el agua del río y poniéndola a secar sobre las piedras también es un espectáculo digno de ver. Una travesía realmente hermosa, pese a las constantes subidas y bajadas y a las pronunciadas curvas que, por suerte, esta vez houssin se tomó con calma. Cuando ya iba cayendo el sol entramos en marrakech, donde nos separaríamos de nuestro conductor. Houssin nos dejó en el medio de la medina vieja, el centro neurálgico de la ciudad. Pero cuando le pagamos, con el descuento del día que nos había quitado del itinerario, el tipo nos montó una escena terrible exigiéndonos el total. Otra vez quilombo, que el precio acordado, que nos había cambiado lo que pactamos con los otros dos. En fin, nos pusimos firmes y el chabón se terminó yendo medio ofendido, pero a mí ya me daba lo mismo, me tenían harto todos, no quería saber más nada con las malditas discusiones, regateos y demás yerbas. Dimos unas cuántas vueltas hasta que encontramos un hotel bastante básico y con baño a compartir, pero muy barato. El tema es que se acercaba semana santa y casi todos los alojamientos estaban reservados, así que en el fondo tuvimos suerte, porque estábamos cerca de todo. A la noche, después de bañarnos y sentirnos liberados luego de varios días con nuestro guía a cuestas, salimos a caminar por la plaza jemma el-fna, el atractivo central de marrakech, donde cualquier cosa te puede pasar. Esta enorme plaza abierta, toda de cemento, está plagada de los vendedores, artistas y buscas más variopintos. Podés encontrarte desde los típicos faquires, encantadores de serpientes y carros abarrotados de naranja que ofrecen jugos a los turistas, hasta equipos de gimnasia acrobática, malabaristas, adivinadores del futuro, grupos de música y todo tipo de vendedores y contadores de historias. Hasta un dentista hay clavado en el medio de la plaza ofreciendo sus prótesis encima de una mesa. Una película total, para flashear en colores. Hay un sector donde los tipos instalan miles de puestos de comida, uno al lado del otro y te invitan a los gritos a sentarte en unos bancos a morfar sobre unas largas mesas de madera. Nos instalamos en el que más nos gustó y me pedí una pastilla, que en marruecos es una fina pasta rellena parecida a la lasaña, rellena de pollo y almendras. Estaba riquísima. La petisa optó por un cuscús de pollo que también estaba muy bien. Después caminamos un rato por la plaza y sus alrededores, pero nos quisieron vender tantas cosas y estábamos tan cansados por el viaje y tan saturados del asedio marroquí que nos fuimos a dormir temprano, luego de tomar un tecito en un bar donde volvimos a encontrarnos con nuestros compañeros de ruta yanquis. Al otro día, las infinitas terrazas de marrakech nos estarían esperando.Tuesday, April 24, 2007
Del desierto a quarzazate
La noche en el desierto fue increíble, dormimos con la petisa en una tienda y tapados con varias frazadas porque el frío a la noche se pone espeso. Cuando estaba por salir el sol, uno de los guías nos despertó aplaudiendo desde afuera para que podamos disfrutar del amanecer en el sahara. Salimos mientras clareaba y nos trepamos a una duna bien alta para poder ver el sol aparecer entre las montañas de arena y puedo decir, sin temor a equivocarme, que fue el mejor amanecer que vi en mi vida. Una vez que la bola de fuego empezó a escalar el cielo celeste, sin una nube a la vista, emprendimos el regreso en los camellos. Le dejé a la petisa el primero en la fila y me subí al que le seguía, un poco más alto. Volvimos tranquilos y felices hasta el albergue, donde ahmed nos esperaba con un suculento desayuno mirando al sahara. Después nos despedimos, le intercambié un turbante por un gorro de lana que compré en jujuy y nos subimos al taxi de rashid, que recién entonces, después de dos días en que le dijimos rashid unas mil quinientas veces, nos dijo que en realidad su nombre era houssin. Esa maldita costumbre que tenemos los argentos de cambiarle el nombre a todo el mundo. En fin. Houssin (en la foto junto a su taxi del real madrid) también nos confesó que era su primera vez en el sur de marruecos (y a nosotros nos habían vendido un conductor experimentado) y que, por suerte, había enganchado otro taxi para seguir cuyo conductor conocía la zona. Este otro llevaba a tres yanquis muy simpáticos, de nueva york. Lo seguimos (siempre chupados, bien de cerca) por la ruta, haciendo dos paradas en los cañones o gargantas de dadés y de todra, donde el camino pasa a través de unos gigantescos acantilados de piedra y donde podés encontrar, con un poco de imaginación, las figuras más inesperadas. Mientras observábamos uno de los cañones, houssin nos dijo que haríamos esa noche en quarzazate y que al día siguiente ya nos dejaba en marrakech, lo que significaba (aunque parezca increíble) otro cambio en el itinerario acordado, que incluía en realidad dos noches en quarzazate. De nuevo discusión, esta vez con el otro taxista (que hablaba en inglés) de intermediario. Que el precio acordado, que el itinerario, que los otros dos (sharif y abdul) no le habían explicado bien, que el seguro del auto le vencía al día siguiente y tenía que volver a fés, etc, etc. El tramo final hasta quarzazate, plagado de unos paisajes maravillosos, transcurrió sin acuerdo y con caras largas. Cada tanto houssin, con cara de ofendido, me pedía fuego y nos pasábamos el encendedor sin hablar. Finalmente llegamos y nos ubicaron en un hotel en las afueras de la ciudad. Nos querían meter en una habitación sin baño, pero tampoco era lo acordado, así que les reclamé y nos pasaron a una con. Con la petisa, una vez instalados, decidimos tomarnos estas discusiones y regateos como un juego, para no estresarnos más. Entonces planteamos la táctica del policía bueno y el policía malo, que dicen que nunca falla. En pocas palabras, yo era el loco que se enojaba con todos y me levantaba de la mesa dando un golpe y ella se hacía la amiga comprensiva que trataba de componer, mientras les aclaraba que yo era un fucking freak imposible de contener, una especie de asesino serial. Repartidos los roles, bajó ella primero mientras yo me bañaba. Cuando llegué a la recepción estaba sentada en una mesa con los dos taxistas. La petisa me explicó que el pobre houssin pensaba que no debíamos pagarle más que lo que ya había recibido y que estaba preocupado por su presupuesto ya que no le quedaba mucha guita encima. Entonces le comentó que faltaba una parte, que ya no era la mitad porque le descontaríamos el día de menos que nos habían quitado con el nuevo itinerario. A mí me pareció bien, estaríamos un día menos en quarzazate que no es una ciudad muy grande y uno más en marrakech donde hay miles de cosas para hacer. Pero me sonó rara una solución tan fácil y el tiempo me daría la razón. Igualmente estreché la mano de los dos taxistas y nos fuimos a cenar todos felices y contentos. Comimos un tajine de carne y uno de pollo bastante buenos (aunque los yanquis se quejaban de que estaba muy seco) y nos fuimos a dormir, ya más tranquilos. Al otro día, bien temprano, iríamos a conocer la moderna ciudad de quarzazate, meca de los estudios de cine, donde ruedan casi todas las películas con imágenes del desierto. Y después, teníamos que cruzar el altísimo gran atlas, siempre y cuando nos lo permitiera la nieve.Thursday, April 19, 2007
El desierto antes de morir
Nadie debería morirse antes de pasar al menos un día en el desierto. Es una sensación inexplicable, sentirte un granito de arena tan insignificante entre todas esas dunas altísimas, puede llevar tu mente a rincones insospechados y despojarla de tantas cosas intrascendentes que a veces la ocupan y torturan sin sentido. Temprano a la mañana desayunamos sobre un deck de madera con vista a la entrada del sahara. Después ahmed nos prestó una tabla de snowboard y nos internamos a pie hasta unas dunas bien altas, no muy lejos, y bajamos surfeando como una hora (el problema era volver a subir trepando por la arena con la tabla en la mano). Espectacular el sandboard, un deporte que nunca había practicado. Al mediodía rashid nos llevó en el taxi hasta el interminable mercado de rissani, una ciudad próxima, donde venden desde burros, ovejas, cabras, gallinas (todas vivas por supuesto) hasta ropa, especias, frutas y verduras, artículos de limpieza y muebles antiguos. Podés encontrar lo que quieras y es muy pintoresco. Por la tarde, finalmente, nos subimos a los camellos y emprendimos nuestra recorrida por el sahara. In cre í ble. El andar del camello es muy cansino, es un placer, casi como que te acunen. Desde lo alto uno puede ver cómo el animal va eligiendo el lugar para dar cada paso, a veces sobre el filo mismo de una duna tan grande que trae un poco de vértigo. El océano de arena cambia de color a medida que va bajando el sol, desde marrón claro hasta un dorado furioso. Para llenarse los ojos, como diría madder, con esa vista imponente. Unas cuantas horas después llegamos hasta una especie de valle entre las dunas, donde pasaríamos la noche en tiendas de campaña. Del calor de la tarde soleada al viento frío cuando cae la noche hay una brecha bastante importante, es que las temperaturas son extremas en el desierto. Dos guías bereberes preparan un tajine alumbrados por una luz de noche en una pequeña carpa, pelan papas y batatas, cortan zanahorias y esparcen comino y otras especias sobre una enorme olla colocada sobre una garrafa. La luna está casi llena y el cielo súper estrellado. Con la petisa caminamos un poco alejándonos del campamento, fumamos y reímos. Al regresar la cena está servida, comemos dentro de una tienda sobre una mesa redonda y bajita, sentados en el suelo y acompañados de una pareja de franceses muy simpáticos que han venido también a la expedición. Después tomamos más té de menta y salimos muy abrigados a acostarnos sobre las dunas, mirando las estrellas mientras hacemos la digestión. No se escucha más que el viento y un poco de arena que vuela. Cualquiera diría que estamos en el medio del desierto.
Monday, April 16, 2007
Negociando se llega al sahara
Después de un día agitado, una negociación todavía más agitada. A la tarde noche nos sentamos en un café con nuestro guía abdul y un taxista que nos trajo que se llamaba sharif. Estuvimos negociando unas dos horas, fácil. Nos pedían una fortuna por el recorrido que pretendíamos ida y vuelta hasta el pie del sahara, más del doble de lo que le habían cobrado a broder alex. Después de estirar un poco nuestro presupuesto y bajarse ellos un poco de su locura, llegamos a una posición cercana, pero tanto ellos como nosotros nos plantamos ahí. No hubo acuerdo. Con la petisa decidimos encarar nuestro periplo en bondi y sharif se fue. Abdul, y esto claro era parte de la negociación, siguió insistiéndonos en solitario que subiéramos un poquito más. No lo hicimos. Entonces volvió a llamarlo al taxista ausente y nos dijeron que sí, que les pagáramos una parte que al otro día a las 8 de la mañana nos pasaban a buscar por el hotel. Ni en pedo. Les pagamos la mitad al subir al taxi y la otra mitad al fin del recorrido, retrucamos. Tuvieron que aceptar. A la mañana siguiente aparecieron abdul, sharif con su taxi lleno con unas turistas yanquis y otro chabón que no conocíamos con un auto mucho más pedorro. Nos pusimos medio locos, sobre todo la petisa. No era lo acordado. Habíamos contratado un taxi bastante bueno, nos traían otro mucho peor. Habíamos acordado con un flaco que hablaba francés e inglés y supuestamente conocía el sur de marruecos a la perfección y ahora nos traían un kía que cagando hablaba francés y ni idea si dominaba o no el mapa trazado de antemano. Es todo lo mismo, vamos en caravana, decían los tres. Contestamos que sólo aceptaríamos si nos bajaban un poco el precio y finalmente llegamos a un acuerdo. Entonces partimos siguiendo al otro taxi. Nuestro conductor, que creímos entender se llamaba rashid, era un fanático del real madrid. Su luneta estaba cubierta por una bandera del equipo merengue, arriba de la guantera colgaba una bufanda y una pequeña camiseta se balanceaba desde el espejito. También manejaba bastante rápido y le gustaba chuparse constantemente al auto de adelante, pero su música marroquí a todo volumen era genial y muy alegre. A los pocos kilómetros hicimos buenas migas. Comenzamos a subir por el atlas medio y atravesamos el centro de ski más famoso de marruecos, ifrane, muy alpino, lleno de casas de montaña con sus techos a dos aguas. Empezó a nevar bastante fuerte, nunca imaginé que iba a estar en marruecos en medio de una nevada, yo pensaba que era un viaje de bermudas y ojotas. Encima nuestro auto no tenía calefacción y la ventana de la petisa se bajaba sola. En fin. Hicimos una parada en un parque donde decenas de monos subían y bajaban de los árboles en busca del maní que los visitantes como nosotros les daban de comer en la boca. Muy divertido, sobre todo cuando uno enorme se le fue al humo a la petisa y ésta vino cagando aceite a esconderse atrás mío. Tiramos unas fotos y seguimos viaje, hasta un pueblito cercano a er rachidia donde paramos a almorzar. Nos clavamos un kebab y una porción de kafta (una especie de carne picada condimentada con perejil, cebolla y pimienta) y seguimos viaje, no sin antes ver cómo nuestros choferes se peleaban con todo el puestito de comidas negociando el precio (estos muchachos negocian todo precio a toda hora y en todo lugar). Paramos en un par de points fotográficos, donde sharif y rashid tomaban largos tragos de no se qué brebaje que según ellos los mantenía despiertos. Me dieron de probar un poco y quedé pelotudo por unos cuantos kilómetros mientras la petisa se cagaba de risa. Finalmente llegamos a la entrada de erfoud, donde derivaron a las yanquis a una combi de un chantún que decía tener una hostería al pie del desierto. Y pretendían que nosotros nos uniéramos al tour. Quilombo otra vez, porque tampoco era lo acordado. Ahí nos enteramos que sharif se volvía a fés, nosotros seguíamos viaje con rashid y supuestamente íbamos a dormir al albergue de este chabón que acababa de aparecer. Pero nosotros habíamos arreglado que dormíamos en otro lugar que se llamaba les hommes bleus, donde había estado broder alex, y que al otro día desde ahí nos llevaban a pasar el día y la noche al desierto. Si hasta les habíamos mostrado el folleto del lugar. Pero ellos decían que era lo mismo, que todos los albergues eran iguales, que incluso el del chantún era mejor. Entonces nos volvimos a plantar, hartos de que quisieran vendernos gato por liebre todo el tiempo. Y logramos ir a les hommes bleus, por suerte, porque el albergue era increíble y la gente copadísima. Apenas llegamos hamed, el encargado, un morocho con turbante en la cabeza que resultó un capo total, nos recibió con los brazos abiertos y un perfecto español, nos instaló en un cuartito comodísimo y nos dijo que no nos preocupáramos por nada que él arreglaría todo con el chofer (porque en nuestro acuerdo estaba todo incluido, la noche, la morfi y al otro día la expedición en camello). Entonces nos relajamos, nos pegamos un buen baño y nos quedamos disfrutando de la puesta del sol sobre las dunas del desierto. Cuando se hizo de noche nos sirvieron un tajine de carne con huevos espectacular. Es el típico plato marroquí, ponen carne con aceite de oliva, papas, zanahorias, cebolla, comino (a todo le ponen comino) y otras especias, todo adentro de una olla y lo dejan hacer a fuego lento. Estaba excelente. Después aparecieron unos muñecos con tambores y se mandaron una especie de batucada muy entretenida. Para terminar se armó una ronda de chistes. Me quedé con hamed y uno de los guías del desierto contando chistes hasta las 3 de la mañana. Nos cagamos de risa sin parar. Es que habiendo tan buena vibra, como en ese lugar al pie del inicio del sahara, no podés pasarla mal. Cuando nos fuimos con la petisa a dormir nos dimos cuenta que nuestro cuarto había sido invadido por cientas de mariposas o polillas nocturnas, andá a saber qué mierda eran. Tapados hasta la cabeza los dos, escuchando cómo aleteaban en la oscuridad y riéndonos, nos quedamos dormidos.
Thursday, April 12, 2007
Un viaje a la edad media
La medina (ciudad vieja y amurallada) de fés el bali retratada en la foto del post anterior es una de las más grandes del mundo y, dicen, la más fascinante de marruecos. Esa mañana nos levantamos con la petisa en el hotel royal, en la ciudad nueva y lo llamamos por teléfono a abdul, un guía que nos había pasado broder alex y que dominaba la medina a la perfección. El tipo apareció a los pocos minutos en el bar donde desayunábamos, un personaje total, un pendejo alto y flaco con un tranco larguísimo (por momentos se hacía muy complicado seguirle el rastro) que desaparecía de repente cuando nos cruzábamos con algún policía (porque no era un guía autorizado) y volvía a aparecer a las pocas cuadras sin que te dieras casi cuenta (una especie de agente 13 de maxwell smart, salía de los lugares menos pensados). Primero nos llevó al palacio real, un edificio imponente con una explanada impoluta, donde curiosamente sólo dejaban acceder a los turistas y donde la petisa le sacó un montón de fotos a los muchachos que limpiaban sus enormes puertas doradas (pronto pondremos en el aire un fotolog, seguiremos informando). De ahí tomamos un petit taxi (unos renault chiquitos ideales para la petit) que nos llevó a la entrada de la medina y fue como retroceder mil años en el túnel del tiempo. Encaramos las estrechas callecitas, siempre siguiendo a abdul porque era un laberinto: te perdés ahí y podés terminar en cualquier parte y tornarse una situación muy claustrofóbica. La enorme cantidad de gente que vive o trabaja en la medina parece haberse quedado suspendida en el tiempo, porque la influencia del mundo occidental no ha logrado penetrar en sus talleres de artesanía, en la vestimenta de las figuras que caminan encapuchadas o en los medios de transporte, que se limitan a filas de burros muy cargados con cestas llenas de lo que sea. Los habitantes de fés el bali viven de sus industrias y sus artículos de piel, vajillas de plata y trabajos de madera de cedro. Los tintoreros, curtidores y artesanos del latón y la plata siguen utilizando las antiguas técnicas, no hay espacio para introducir las nuevas tecnologías en la ciudad. La medina se divide en distintos souk o barrios especializados según la actividad que desempeñan sus artesanos y moradores, y abdul nos dio un pantallazo de cada uno de ellos. El trabajo sigue el sistema medieval, un capataz dirige una cooperativa hereditaria y los conocimientos se transmiten de generación en generación. Y en todas las cooperativas te quieren vender algo, eso seguro. Los marroquíes pueden ser muy insistentes, aunque no quieras comprar nada ellos van a insistir hasta la exasperación. La primera visión fue escalofriante, era la cooperativa de alimentos, especialmente aceitunas, que hay por todos lados: nos mostraron un patio en cuyo centro ponían a reposar las bolsas llenas sobre un charco y, al costado nomás, pudimos ver una rata muerta patas para arriba del tamaño de un gato. En la cooperativa de las alfombras subimos a una terraza donde unas mujeres semi esclavizadas tejían alfombras en un enorme telar de lana. Nos invitaron a sentarnos entre ellas para poder observar su trabajo y al minuto ya nos estaban mangando de los dos lados, una se probaba mis anteojos, la otra me mostraba un billete de 50 dirhams y me pedía plata mientras me tiraba de la manga, muy loco. Cuando bajábamos el jefe nos ofreció un té (los marroquíes toman té de menta todo el día y en todo lugar), hasta que se dio cuenta que más que españoles éramos argentos y que no íbamos a comprar ninguna alfombra: ahí desapareció el té, la amabilidad, todo. Salimos arando y encontramos a abdul, que nos llevó a la cooperativa de perfumes y especias, donde compramos un poco de curry y otro de comino (espectaculares). Luego fuimos a la de las sedas, después a la de platería (la petisa pegó una mano de fátima chiquita y barata para el monoambiente). Finalmente un amigo de abdul nos condujo por los techos hasta que pudimos ver una de las visiones más espectaculares de la ciudad: el barrio de los curtidores de pieles. Las pieles de camello, vaca, cabra y oveja son sumergidas en distintas tinas para sacarles la carne, el pelo, enjuagarlas y finalmente teñirlas. Desde arriba toda esa especie de recipientes parece una gigante paleta de colores, como se ve en la foto que ilustra este post, y para el teñido los tipos se meten hasta media pierna dentro de las tinajas pisoteándolas intensamente. Es un paisaje inolvidable. Después de caminar casi toda la medina, abdul nos metió en un restorán típico ubicado en un riad (una casa árabe antigua con patio interno) espectacular, donde comimos harira (típica sopa con carne y legumbres) y después un cuscús (base de sémola cocinada al vapor) con pollo que estaba de película. Para terminar, nuestro guía nos invitó a la casa de su hermano, en plena medina, donde nos convidó una vuelta de té de menta y un poco de chocolate. Un día completo y anacrónico, un viaje a mil años de distancia.
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