Friday, August 31, 2007

Cambio de rumbo: lecturas

"Ese amigo se llama o hace llamar Ruibérriz de Torres y tiene un aspecto indecoroso. Es escritor aplicado y con buen oído, de convencional talento y más bien mala suerte (literaria), ya que otros menos aplicados, con atroz oído y sin talento de ninguna clase son tenidos por figuras y ensalzados y premiados (literariamente). Publicó tres o cuatro novelas siendo bastantes joven; tuvo un poco de éxito con la primera o segunda, ese éxito no cuajó sino que disminuyó, y aunque no es muy mayor su nombre sólo suena a la gente mayor, es decir, como autor está olvidado excepto por los que llevan ya tiempo en la profesión y además no se enteran muy bien de los vuelcos y sustituciones, gente enquistada y poco atenta, funcionarios de la literatura, críticos vetustos, profesores rencorosos, académicos sesteantes y sensibles al halago y editores que ven en la perpetua queja de la insensibilidad lectora contemporánea la justificación perfecta para holgazanear y no hacer nada, y eso en todas las sucesivas contemporaneidades. Ahora hace años que Ruibérriz no publica, no sé si porque ya abandonó o porque espera a ser olvidado del todo para poder empezar de nuevo (no suele hablarme de sus proyectos, no es confidencial ni fantasioso). Sé que tiene vagos y variados negocios, sé que es noctámbulo, vive un poco de sus mujeres, es muy simpático, frena su causticidad ante quien debe hacerlo, es adulador con quien le conviene, conoce a muchísima gente de diferentes esferas, y la mayoría de los que lo conocen a él ignoran que sea o haya sido escritor, él no alardea, tampoco es dado a rescatar lo perdido. Su aspecto es indecoroso en algunos ambientes, no en todos: no queda mal en los bares de copas, en los cafés nocturnos si no son muy modernos, en las verbenas; se lo ve aceptable en fiestas privadas (mejor en jardines junto a piscinas, las veraniegas) y da muy bien en los toros (para San Isidro suele tener abono); con gente de cine, televisión y teatro resulta pasable aunque un poco anticuado, entre periodistas montaraces y zafios de las viejas escuelas franquista y antifranquista (éstos más montaraces, aquéllos más zafios) se lo ve plausible, aunque no como uno de ellos, ya que es atildado y aun presumido físicamente. Pero entre sus verdaderos colegas los escritores parece un intruso y éstos como a tal lo tratan, es demasiado bromista y risueño en persona, siempre habla mucho y con ellos no rehúye las inconveniencias. Y en actos oficiales o en un ministerio su presencia causa directamente alarma, lo cual le supone un no pequeño problema, habida cuenta de que parte de sus ingresos provienen precisamente del mundo oficial y de los ministerios. Su estilo escrito es tan solemne como desenfadada su habla, sin duda uno de esos casos en los que la literatura se vive tan reverencialmente que, enfrentado su practicante con un folio en blanco y por mucho que su carácter sea el de un sinvergüenza, no sabrá transmitir ni un solo rasgo de ese carácter irreverente y desaprensivo al papel venerado, sobre el que jamás verterá una broma, una mala palabra, una incorrección deliberada, una impertinencia ni una audacia. Jamás se permitirá plasmar su personalidad verdadera, considerándola tal vez indigna de ser registrada y temeroso de que mancille tan elevado ejercicio, en el que, por así decir, el sinvergüenza se salva. Ruibérriz de Torres, para quien no debe de haber nada muy respetable, ve la escritura como algo sagrado (de ahí en parte, probablemente, su falta de éxito). Unido a una buena formación humanística, su campanudo estilo es por tanto perfecto para los discursos que nadie escucha cuando se pronuncian ni nadie lee cuando al día siguiente los reproduce en resumen la prensa, es decir, los discursos e intervenciones públicas (incluidas conferencias) de los ministros, directores generales, banqueros, prelados, presidentes de fundaciones, presidentes de gremios, acádemicos sonados o perezosos y demás prohombres preocupados por sus facultades e imagen intelectivas en las que nadie se fija nunca o que todo el mundo da por inexistentes. Ruibérriz recibe muchos encargos y aunque no publica escribe continuamente, o mejor dicho escribía, ya que en los últimos tiempos, gracias a algún golpe de suerte concreto en algún vago negocio y a su trato asiduo con una adinerada mujer que en verdad lo idolatra y consiente, ha optado por gandulear y se ha permitido rechazar la mayoría de las encomiendas, o más exactamente las ha aceptado y me las ha pasado junto con el setenta y cinco por ciento de los beneficios para que fuera yo quien cumpliera con ellas en la sombra y en secreto (no sumo secreto), mi formación no es inferior a la suya. Así, él es lo que se llama un negro en el lenguaje literario -en otras lenguas un escritor fantasma-, y yo he oficiado por tanto de negro del negro, o fantasma del fantasma si pensamos en las otras lenguas, doble fantasma y doble negro, doble nadie."


(Javier Marías, Mañana en la batalla piensa en mí, año 1994, Punto de lectura, Madrid, 2000, fragmento arbitrariamente escogido por superloyds a partir de página 121)

Wednesday, August 29, 2007

Corte latino agosto: libros

Tus ojos serán silencio (Premio Cáceres de novela corta 2006). Carlos Vadillo Buenfil.
Narrada en primera persona, Tus ojos serán silencio aborda una suerte de género epistolar unilateral. El protagonista efectúa, a través de las numerosas cartas que se van sucediendo a una bailarina exótica de nombre Bengala, un repaso atormentado del amor perdido e imposible e, inclusive, de su propia vida. Se trata de una novela plagada de nostalgia, escrita en forma muy poética, que amerita una lectura concienzuda y minuciosa. Imposible no conmoverse con toda esa ausencia y esos recuerdos en los que se va internando el lector a medida que va progresando la historia. Carlos Vadillo Buenfil nació en Campeche, México y reside actualmente en Madrid. Ha ganado, además del Premio Cáceres con esta obra, el XV Premio Internacional de Cuento “Max Aub” en el año 2001 y el II Premio Sur de novela corta en el 2004. Tus ojos serán silencio confirma a este joven autor, sin lugar a dudas, como uno de los grandes exponentes de la narrativa mexicana actual.

Algún demonio (Editorial Salto de Página). Alejandro Hernández.
El escritor y guionista cubano Alejandro Hernández, que reside en Madrid desde el año 2000, se destaca en esta novela como un verdadero tiempista. Su forma de abordar las secuencias de la historia, con una primera parte narrada de adelante hacia atrás, una segunda más cronológica y un epílogo rematado en primera persona, dan cuenta de un manejo de los tiempos y el lenguaje verdaderamente impecable. El hilo narrativo se va tejiendo a partir de la acuciante realidad de un grupo de vecinos de un edificio en un barrio de La Habana, ciudad natal del autor, que bien se encarga de hacerlo notar a través de las íntimas postales que va insertando en la cabeza del lector. Gente que va y viene, que padece las limitaciones de una sociedad que parece haberse quedado suspendida en el tiempo, que quiere escapar o bien del propio país o de una situación desesperada (el retrato efectuado de un grupo de alcohólicos anónimos resulta brillante) va a encontrar cruzados sus destinos con la sincronía exacta de un reloj.
www.saltodepagina.com

En algún cielo (Premio Ciudad de Alcalá de narrativa 2006). Marcelo Luján.
Seis relatos componen este libro del narrador argentino Marcelo Luján, radicado en Madrid desde el año 2001, ganador del Premio Santa Cruz de Tenerife en el año 2003 y del XLIX Premio Kutxa Ciudad de San Sebastián y finalista del Premio Clarín de novela en su país de origen. Es gratificante la uniformidad en el lenguaje utilizado en estos cuentos, de enorme riqueza por cierto, pese a lo plurivalente de la temática escogida por el autor. El texto inicial, que da nombre a la obra, está plagado de nostalgia familiar. Insistencias es probablemente el relato más poético y surrealista y La noche inminente se erige como un cuento más audiovisual, mas trainspotting, pero es tal vez The queenless el punto más alto del conjunto, posicionando al joven autor (que contaba con sólo 9 años al momento de la guerra de Malvinas, el eje argumental) como un notable inventor de historias. Le sigue Cuidados intensivos, una historia negra y truculenta abordada en forma impecable, para cerrar el libro con el mayor despliegue, en una extensión casi de novela corta, con Los aprendices, una especie de auto entrevista meta literaria que refleja la terrible influencia de la magia negra en la vida cotidiana del personaje.
www.fundacioncolegiodelrey.org
www.marcelolujan.com

Monday, August 27, 2007

Cambio de rumbo: lecturas

"Sólo hay un espectáculo más penoso que el del amor contrariado: el del deseo no correspondido. Porque en el amor nadan tanto el que ama como el que no, pero el que no desea -el que no desea está fuera del deseo, y no hay nada que pueda restituirlo al mundo del que se ha excluido. El no del que no desea es absoluto, no tiene retorno y convierte al que desea en alguien radicalmente ajeno, no diferente sino heterogéneo: no alguien que está en otro 'estado', del que finalmente, pasado cierto tiempo, cambiadas ciertas circunstancias, podría 'salir' o 'pasar' a otro, sino alguien que pertenece a otro reino. Un perro alzado, digamos, patrulla una plaza. Detecta a un perro como él, incluso de su misma raza, y antes de saber si es macho o hembra, si el diminuto sexo que tiene entre las piernas encontrará un hueco donde desahogarse, se abalanza sobre él, lo sorprende por detrás, se encarama sobre sus ancas y arremete contra su ciego, frenético vaivén. Pero he aquí que el otro no quiere. No quiere y punto. Su no querer es todo: es tan puro, tan de una pieza como el querer del otro. Se queda quieto, la lengua colgándole entre los dientes, mirando algún punto a lo lejos, hasta que le llama la atención otra cosa y mueve un poco la cabeza y sigue mirando, mientras el otro, el alzado, multiplica sus asedios y se afana inútilmente. ¿Quién no sufrió alguna vez con esa estampa patética? Porque ¿hay dos perros? ¿O hay más bien uno, el alzado, que desea, y luego su presa imposible, que no desea y que por no desear ya no es perro sino otra cosa: algo inerte, un pedazo de piedra, una planta, un tronco con forma de perro? Así, entre el que desea y el que no, el que hace el ridículo siempre es el primero, porque abalanzándose sobre la criatura que no le corresponde no comete un error de apreciación, ni de cálculo, ni de oportunidad, se equivoca de especie."


(Alan Pauls, El pasado, Editorial Anagrama, Barcelona, año 2003, fragmento tomado de la tercera parte, capítulo 3)

Wednesday, August 15, 2007

Lecturas madrileñas: poetas argentinos en Amargord

Izq a der: Francisco Garamona, Luis del Mármol, Rodrigo Galarza, Loyds.

Tuesday, August 07, 2007

Esta noche

Presentación de antología de poesía hispanoamericana en el Bandido este martes 7 de agosto en Madrid.

La Librería El Bandido Doblemente Armado y Lord Byron ediciones tienen el placer de invitarlos a la presentaciòn de la antología Nueva Poesìa Hispanoamericana, que en su edición décimo novena está dedicada a los poetas, a realizarse el dia martes 7 agosto del 2007 a horas 9 de la tarde en Madrid. El evento contará con la presentación del compilador de la antología, quien es el poeta peruano Leo Zelada. Leerán sus textos los poetas: Alberto Lauro (Cuba), Etnaris Rivera (Puerto Rico), Carlos Salem (Argentina), Oscar Aguado (España), Loyds (Argentina), Víctor Sierra (España), Daniel Herrera (España), Violeta Castaño (España). Habrá una intervención artística a cargo de la actriz argentina Paula Noviel. La dirección es la Librería El Bandido Doblemente Armado: Calle Apodaca 3 (por metro Tribunal). El Ingreso es libre.

Monday, August 06, 2007

¡Socorro!

Soy Socorrista


Friday, August 03, 2007

Corte latino: entrevista al tigre harapiento

Leonardo Oyola, autor de Chamamé, otra de las novelas lanzadas por Salto de Página, nació en Buenos Aires en 1973, ciudad en la que vive y donde fue publicada Siete & el tigre harapiento, su primera novela, por la Editorial Gárgola. Leo forma parte del quinteto de la muerte, un grupo de cinco trovadores que recorren la ciudad y el país ofreciendo sus lecturas al público. Hablando con él vía msn se lo nota muy entusiasmado con esta posibilidad de publicar en España y de acceder al público latino que reside aquí. Leo estudió Ciencias de la Comunicación y trabajó en una escuela como bibliotecario. Paralelamente empezó a escribir crítica de cine para portales de internet, hasta que un compañero lo invitó a una presentación de Alberto Laiseca, un escritor de culto en Argentina, que se convertiría en su maestro. Lo fui a ver narrar un cuento en Palermo y cagué fuego, empecé a comprar los libros de él y sin propuestas laborales redituables en el campo de la crítica pateé el tablero y pasé a estudiar con Laiseca: fue lo mejor que me podía pasar. Otras influencias literarias de Leo son los clásicos: Conan Doyle, Chandler y sus contemporáneos Guillermo Orsi y Ernesto Mallo en el género policial. Tampoco puedo olvidarme de los comics, Hulk es mi personaje favorito. Leonardo sabe que lo de ser escritor no es fácil, hay que trabajar mucho para lograrlo. Después de varios cuentos del que sólo rescato uno, Oxidado, un policial, empecé a escribir el Tigre. De ahí en adelante supe que había que meterle mucho laburo y así lo hice. En Siete & el Tigre Harapiento, un policial ambientado a fines del siglo XIX en Buenos Aires, hay una gran labor investigativa. En Chamamé, la referencia fílmica y musical es constante. Leo es muy consciente de la influencia que su formación en ciencias de la comunicación y crítica de cine ejerce en su escritura. Los narradores estamos haciendo ficción, mentimos, y una de las cosas para lograr que el lector nos lea y crea en nuestra propuesta, en nuestra mentira, es darle un asidero de verdad, algo que el otro reconozca. En el Tigre ese asidero es la investigación, respetar lo verosímil de la época. Chamamé es tratarnos de igual a igual, hablar de cosas que sabemos todos. Para mí es muy importante la oralidad del texto y eso lo compruebo con las lecturas del quinteto. Su flamante Chamamé (música y baile típico del litoral argentino) se desarrolla precisamente allí, en sus rutas, cerca de la frontera con Paraguay, echando mano muchas veces a expresiones en la lengua guaraní que habla la gente de la zona. Mi madre es paraguaya, conozco bastante esas rutas de mala muerte. Entiendo perfectamente el guaraní aunque no lo hablo y muchas de las historias que cuento me las contaron a mí o las vi. Chamamé es una especie de western moderno, una eterna persecución entre dos aberrantes delincuentes, el Perro y Noé, que nunca quedan empatados. El Perro es un delincuente profesional, pero eso no impide que se emocione, se enamore o mire el pasado sin odio, recordando cómo le enseñó su viejo a boxear. Noé y el Perro son caras de una misma moneda, son tipos que saben hacer lo suyo. Noé quiere una segunda oportunidad. El Perro no sabe qué hacer porque ya nació con la mierda hasta el cuello, es un tipo que puede elegir entre el amor y la furia y elige la segunda. Lo cierto es que Oyola tiene la capacidad, tanto en Chamamé como en su novela anterior, de construir personajes que son despreciables, pero a su vez logra que uno acabe cogiéndoles cariño y hasta le parezcan invencibles, inmortales. Lo de hacer los personajes queribles no lo hago a propósito, me parece que humanizo la hijaputez de ellos y luego creo que todos, los lectores también, en el fondo contribuimos a que estos personajes se salgan con la suya, les perdonamos sus pecados porque están fuera del sistema y ese coquetear con lo salvaje que ellos hacen impunemente, a más de uno le gustaría poder concretarlo en lo que nos toca vivir diariamente. La novela, además de hacer mención expresa a películas como King Kong, Calles de fuego, Nueve semanas y media o Dirty Dancing, también homenajea sin decirlo a otras joyas como Magnolia (lluvia de ranas incluida) y, por la forma de plasmar los giros y los tiempos, Pulp Fiction. Y..., seguramente lo de Pulp Fiction es tal cual, Tarantino siempre me partió la cabeza por su forma de narrar. Lo de Magnolia sí fue adrede, jugando con la locura y el dolor del pastor Noé, pero también para hacer hincapié en las plagas bíblicas que él va interpretando con las señales. Oyola, además de cinéfilo se destapa como bastante melómano. Las alusiones a la música contemporánea, en especial al pop y rock argentinos, son constantes en su novela y aparecen en los momentos más inesperados con una originalidad devastadora. Amo la música, me encanta armar soundtracks de momentos de mi vida. Chamamé fue eso, armar los temas que pasaría en una rocola y poder darle ese ritmo a mi prosa. Y además burlarme de mis gustos, de lo de ser melómano, citando a Shakira, Airbag y Coti por ser canciones pegadizas. Como latinoamericano, Leo desea que el público latino se enganche y se divierta leyendo su novela. Me fascina pensar que muchos la van a leer y se van a enganchar con la historia y van a entender el argot carcelario sin necesariamente haberlo hablado o vivido, porque el contexto del bajo mundo lo instaura alguien que impone su lenguaje por gracia o presencia. Yo creo que el Perro logra eso con su labia y su andar: que lo disfrute cualquiera en cualquier punto geográfico. Así que ojalá que lo lean y que emocione al que está leyéndolo en un subte acá o en un metro allá. Que alguien se ría con lo de la canción de Coti allá, que se enamore de Julia... Es un honor que me lean los que hablamos el mismo idioma, ojalá les resulte entretenido, yo no pretendo cambiarle la vida a nadie ni dar respuestas, sólo escribo pensando en entretener.

Tuesday, July 31, 2007

Cambio de rumbo: lecturas

"Si yo hubiese sido el gordo de la clase, ahora estaría encerrado en un supermercado disparando con una recortada sobre todas las madres y sus hijos y los empleados de mantenimiento sin compasión ninguna"

"Un día T recogió un perro abandonado y se lo trajo a casa. Al principio era un perro simpático y cariñoso, pero luego le salió una polla gigante como la de un caballo y andaba todo el día detrás nuestro tratando de empalarnos, así que no tuvimos más remedio que llevarlo a un albergue para perros porque al final no nos atrevíamos a salir de nuestro cuarto por miedo a que el monstruo aquel nos sodomizara"

"Cuando eres niño no quieres ser buena persona por nada del mundo, quieres tumbar a los pesos pesados, ser expulsado de dos cada tres clases y hacerte pajas hasta que te den calambres en las manos. Cuando eres niño quieres quemarte en el infierno y ver cómo todo el jodido colegio te admira por ello"

"En los hospitales siempre hace mucho calor y todo lo que pasa y lo que dice la gente, incluidos los médicos, parece mentira, como si alguien fuese a reírse en cualquier momento"

"José Luis Santalla me dijo que por cincuenta pesetas me llevaría a ver a una tía estupenda que enseñaba el culo. Yo nunca le había visto el culo a nadie, así que acepté. Cuando Santalla reunió un grupo lo suficientemente grande y después de recoger el dinero, nos llevó a ver el culo. Nos detuvimos frente a la valla de un jardín, era una valla de alambre cubierta de arizónicas. Mirando entre las arizónicas podía verse a una gorda desnuda de cintura para abajo, podía verse eso y nada más porque el culo lo tapaba todo, hasta el sol. Era un culo enorme y blanco y asqueroso, el culo más grande del mundo. Le dije a Santalla que si cobrase por metro cuadrado de culo se haría rico. Luego me largué de allí. Ese día descubrí que un culo no es un culo si no es un culo. Es decir, que si un culo se parece más a un camión cisterna que a un culo, eso al final ni es culo ni es nada"

"Leí en el periódico que un pastor había derribado un helicóptero de una pedrada. Resulta que el helicóptero andaba por allí asustando al rebaño y al pastor se le ocurrió que a lo mejor conseguía ahuyentarlo a pedradas. Después aparecieron los de la televisión y los de la radio y los de los periódicos y al pobre hombre le faltaban piedras para sacarlos a todos de su prado. No debe ser nada fácil tirar un helicóptero de una sola pedrada. A veces las cosas son tan raras que hacen gracia, aunque se mate la gente"

"Después de Inglaterra me vine a Madrid y conseguí un trabajo en una tienda de ropa de la calle Serrano. No era un buen trabajo, era un trabajo de mierda... Una mañana entraron en la tienda dos miembros de la Iglesia de los Santos de Jesús de los Últimos Días. Vestían trajes negros y llevaban unas plaquitas de plástico con sus nombres... Sonreían todo el tiempo, como los orientales y los curas. El más alto se acercó a mí y me pregunto si era feliz.
-No, ¿y usted?, usted sí que parece feliz.
-Lo soy.
-Estupendo, ahora dígame cómo lo hace.
-Es cosa de Dios...
-O sea que a usted le quiere Dios más que a mí.
-Dios nos quiere a todos por igual.
-De verdad me gustaría creerlo. Daría un brazo por una sonrisa como la suya.
-Si tú quieres, la tendrás.
-¿Dan de comer?
-No ignoramos las necesidades de nuestros hermanos.
Salí de la tienda con ellos, perdí el dinero de la liquidación, pero pensé que si la comida era buena podría compensarme...
Nos llamábamos Pastores de la Iglesia de los Santos de Jesús de los Últimos Días. Íbamos siempre de negro o de gris. Tenías que comprarte tu propio traje, ellos te daban la plaquita con tu nombre y no podías quitártela para nada, tampoco podías dejar de sonreír. No eran gran cosa pero al menos por algún tiempo Dios me quiso tanto como a toda esa gente"

"Cuando fue el cumpleaños de T le compré una pistola de agua y le pinté un cuadro. A T le gustó mucho el cuadro, se puso muy contenta y me llevó a cenar a un restaurante japonés. La comida era buena, pero no me apañaba muy bien con los dichosos palillos, así que le pedí al camarero un tenedor. El camarero resultó ser un tío gracioso, me dijo que no tenía tenedores y se rió un rato de mi torpeza, al final de la cena le llamé y le dije que me iba a dar bastante maña metiéndole los palillos por el culo. A T no le hizo mucha gracia. A veces los camareros asumen su función de siervos miserables y son la cosa más repugnante del mundo. Piensan: 'yo sólo soy un camarero pero todavía puedo enseñarle a este imbécil cómo se come un Mi restaurante con Mis palillos de madera', en lugar de pensar: 'Otro pobre tipo al que le están jodiendo los dichosos palillos de esta mierda de restaurante que me paga esta mierda de sueldo'... La verdad es que no le dije nada al camarero. Me hubiera gustado, pero supongo que para eso hay que nacer. Como para patinar sobre hielo"

"Cuando estás esperando en el hospital te miras las manos y los pies y miras las papeleras o las juntas de los baldosines porque no sabés qué hacer ni dónde mirar y a veces te entran ganas de reírte de lo raro que es todo. Como en misa"

"A veces pienso en matar a una de esas señoras que andan siempre preguntándote de qué piso eres cuando bajas a la piscina. Yo soy del séptimo C, del edificio Tres, de la fase IV y voy a saltarle los sesos a alguien antes de que termine el verano. Cuando voy a la piscina intento que nadie me toque porque me da bastante asco. Si me pongo a pensar que la gente se mea y suda y babea dentro del agua me vuelvo a casa y no me baño más en tres o cuatro días"

"Estaba con T y T se fue. Yo pensaba que iba a estar con ella toda la vida. A veces una mujer te quiere, pero luego deja de quererte y se va, o se enamora de otro, aunque sea un imbécil, porque eso al principio nunca se nota"


(Ray Loriga, Lo peor de todo, Editorial Debate, Madrid, 1995, fragmentos arbitrariamente escogidos por superloyds)

Monday, July 30, 2007

nueva poesía hispanoamericana

La semana pasada se presentó en el Lola Bar de Chueca, acá en Madrid, esta antología compilada por el poeta peruano Leo Zelada. La consigna era homenajear a otro poeta y superloyds lo hizo con este humilde poema. A ver si adivinan para quién fue el homenaje. Es fácil...

HOMENAJE AL POETA:

la máquina escondida
estruja palabras
oraciones sin sentido
notas musicales sonoridad
inasible del poeta que baila
desesperado en el jardín
aciago de las letras
soeces enredadas por él adrede

lagrimea entonces el poeta
abarca casi todas las posibilidades
masculla en silencio frente a la hoja
bolígrafo en mano fórmulas vanas
ordena cataloga catapulta
rayos feroces que a nadie importan
genialidades incomprendidas sin
historia que merezca la pena
insertar en ese su cuaderno
no sabrá nunca el poeta
imaginar un mundo sin literatura

Friday, July 27, 2007

Cambio de rumbo: lecturas

"-La política es la gran generalizadora -me dijo Leo-, y la literatura la gran particularizadora, y no sólo están en relación inversa entre ellas, sino en relación antagónica. Para la política, la literatura es decadente, blanda, irrelevante, aburrida, terca, insípida, algo que no tiene sentido y que realmente no debería existir. ¿Por qué? Debido al impulso particularizador en que consiste la literatura. ¿Cómo puedes ser un artista y renunciar al matiz? Pero ¿cómo puedes ser un político y permitir el matiz? En tanto que artista, el matiz es tu tarea. Tu tarea no consiste en simplificar. Aún cuando decidieras escribir de la manera más sencilla, a lo Hemingway, la tarea sigue siendo la de aportar el matiz, elucidar la complicación, denotar la contradicción. No se trata de eliminar la contradicción, de negarla, sino de ver dónde, dentro de la contradicción, se encuentra el ser humano atormentado. Permitir el caos, dejarlo entrar. Tienes que dejarlo entrar o, de lo contrario, produces propaganda, si no para un partido político (un movimiento político, estúpida propaganda para la misma vida), sí para la vida como ella preferiría ser divulgada. Durante los cinco o seis primeros años de la Revolución rusa, los revolucionarios gritaban: '¡El amor libre, existirá el amor libre!'. Pero una vez que estuvieron en el poder, no pudieron permitirlo, porque ¿qué es el amor libre? Es caos, y ellos no querían el caos. No es para eso para lo que habían hecho su gloriosa revolución. Querían algo disciplinado, organizado, contenido, científicamente predecible, a ser posible. El amor libre inquieta a la organización. La literatura inquieta a la organización. No porque esté flagrantemente a favor o en contra, o incluso lo esté de una manera sutil. Inquieta a la organización porque no es general. La naturaleza intrínseca de lo particular consiste en ser particular, y la naturaleza intrínseca de la particularidad estriba en no amoldarse. La generalización del sufrimiento: eso es el comunismo. La particularización del sufrimiento: he aquí la literatura. En esa polaridad se da el antagonismo. Uno participa en la batalla al mantener vivo lo particular en un mundo simplificador y generalizador. No tienes necesidad de escribir para legitimar el comunismo o el capitalismo; estás al margen de ambos. Si eres escritor, no te alías ni con uno ni con otro. Ves diferencias, sí, y, por supuesto, ves que esta mierda es un poco mejor que aquella mierda, o que aquella mierda es mejor que ésta. Tal vez mucho mejor. Pero ves la mierda. No eres un empleado del gobierno. No eres un militante. No eres un creyente. Eres una persona que se enfrenta de una manera muy diferente al mundo y a lo que sucede en el mundo. El militante presenta la fe, una creencia que cambiará el mundo, y el artista presenta un producto que no tiene cabida en este mundo, que es inútil. El artista, el escritor serio, introduce en el mundo algo que ni siquiera estaba ahí al comienzo. Cuando Dios hizo todas las cosas en siete días, las aves, los ríos, los seres humanos, no dedicó ni diez minutos a la literatura. 'Y entonces existirá la literatura. A algunos les gustará, a algunos les obsesionará y querrán hacerla...' No, no. Él no dijo eso. Si entonces le hubieras preguntado a Dios: '¿Habrá lampistas?', te habría respondido: 'Sí, los habrá, porque habrá casas y serán necesarios los lampistas'. '¿Habrá médicos?' 'Sí, porque la gente enfermará y necesitará médicos que le receten medicinas.' '¿Y literatura?' '¿Literatura? ¿De qué me estás hablando? ¿Para qué sirve eso? ¿Dónde encaja? Por favor, estoy creando un universo, no una universidad. Nada de literatura.'."


(Philip Roth, Me casé con un comunista, año 1998, Editorial Alfaguara, Madrid, 2006, fragmento tomado del capítulo 6)

Wednesday, July 25, 2007

Tuesday, July 24, 2007

Esta noche: tercera fecha


Leerán en esta ocasión:


JULIO BAQUERO CRUZ (Palencia, España)

LEO ZELADA (Lima, Perú)

Monday, July 23, 2007

Corte Latino: entrevista a Carlos Salem

Carlos Salem, autor de la novela Camino de ida, lanzada por la flamante Editorial Salto de Página, nació en Buenos Aires en 1959 y fue criado en la Patagonia, en la ciudad de Neuquén, al sur de la Argentina. De formación periodística, vino a Madrid en el año 1988 y trabajó vendiendo artesanías en un puesto de El Rastro hasta que logró desempeñarse como periodista y creativo publicitario. Fue director de diarios como El Faro de Ceuta y el Telegrama y el Faro de Melilla, lo que lo llevó a vivir unos 10 años en continente africano. El 80 % por ciento de la novela transcurre entre Marrakech y la zona del Atlas, no llegan a pisar nunca lo que es el Sahara verdadero. Carlos decidió volver a Madrid en el 2000, sobre todo para probar la suerte de escribir y publicar aquí. Hace poco más de un año, con su mujer Inés Pradilla, montaron el bar Bukowski, en el corazón de Malasaña, espacio donde poetas y escritores tanto españoles como latinoamericanos se reúnen a leer y escuchar. Un bar que fuera bar pero que a la vez tuviera espacio para la cultura con c pequeña, nada de C mayúscula y de títulos, sino abierta para todo el que quiera. Podés tener 70 años y leer tus poemas, podés tener varios premios, podés haber escrito tu primer poema ayer y querer leerlo aquí y el trato es igual para todo el mundo. A sus 47 años le llega la oportunidad de publicar por primera vez una de las ocho novelas que lleva escritas, luego de tres o cuatro intentos de publicación que estuvieron muy cerca y de haber quedado finalista en varios concursos literarios. Confiesa que escribe desde siempre, pero a escribir en serio y sobre todo encaminado a la novela, pues los 20 años que llevo en España. Dice que sus novelas son novelas pensadas para contarle una historia a alguien que no conoces, no para hacerte un psicoanálisis barato con el ordenador y qué contento estoy o qué difícil es mi vida, no me tira por ahí. Con respecto a sus influencias literarias, Carlos destaca fundamentalmente a su compatriota Osvaldo Soriano, sobre todo en esta novela, en frases cortas, en que las cosas vayan pasando, en esa manera de contar sin truculencia, aunque también habla de Cortázar en la vertiente de jugar con las palabras, de dejar que las palabras se muevan solas, que sean niñas, que salten y del peruano Manuel Escorza: aunque esta novela no tenga nada que ver con su estilo, es un tío que hizo un realismo mágico atado a la realidad. Camino de ida es una novela de perdedores, según su propio autor. Todos los personajes que aparecen en la novela son perdedores, porque es gente que está como al filo de su vida. Narrada en primera persona, la historia parte de un personaje, Octavio Rincón, oprimido totalmente por su esposa Dorita. Porque él quiere, aclara Carlos, la mujer es una excusa, podía haber sido un trabajo, una carrera, una vocación, muchas veces uno se busca una excusa para culpar a otra persona de no hacer lo que uno quisiera hacer, entonces Octavio en el fondo representa eso. Tras 20 años de matrimonio, la repentina muerte de Dorita en un viaje de vacaciones a Marrakech, lo hace salir al mundo, saltar en busca de su verdadera esencia, empezar a hacer cosas que nunca se había animado a hacer. Octavio es un perdedor porque lo educó así su padre, es ya un hijo de derrotado en la guerra civil. Y de su padre pasó a esa mujer, que podía ser muy opresiva y lo era, pero durante más de 20 años él nunca se rebeló porque en el fondo le era más cómodo. Mientras duda entre denunciar el accidente sufrido por su esposa o no hacerlo, ya que no habla el idioma y el accidente puede no parecer tal, se encontrará con los otros dos personajes centrales de la novela: Soldati, es un argentino ex guerrillero y empresario que ha ido a Marruecos a hacer la revolución o a hacerse rico, lo que salga primero, un tipo que tiene una fábrica de helados en el desierto; y Charlie, un hippie en torno a los 45 años, perdido en Marruecos, que dice que es Carlos Gardel y que, si le crees, es un tipo que lo tenía todo, que era un ganador nato, pero como sabía que con la edad iba a empezar a perder hizo un pacto de inmortalidad a cambio de dejar de existir en el mundo como esa figura mundial que era, a cambio de ser un hippie anónimo en Marruecos. Y es un tipo que le duele tanto esa pérdida que quiere volver a Europa o a Miami para matar a Julio Iglesias por el disco de tangos que ha grabado. Tamaño desafío el ponerle cuerpo a un personaje casi mitológico como es Carlos Gardel, un famoso cantante de tangos franco argentino que murió en la cúspide de su carrera. Pero Salem lo logra airoso: Mi idea era contar una novela donde Gardel fuera uno de los protagonistas, contada desde la visión de un personaje español, pero que pudiera ser leída tanto en España como en Argentina y el resto de Latinoamérica. La novela, más allá de su estupenda agilidad y de ser muy entretenida, habla también de esa nostalgia que va dejando el paso del tiempo en el ser humano. Está todo teñido por la mirada de Octavio, un hombre que ha perdido la mitad de su vida y en el fondo lo sabe, entonces, claro, el paso del tiempo para él es muy importante, te diría que más que para mí, porque cuando yo empecé a escribir esta novela no me preocupaba tanto como ahora el paso del tiempo. Como latinoamericano, Carlos cree que el público latino, al leer su novela, se va a encontrar con que no somos tan distintos a los españoles. Yo creo que se van a dar cuenta de que España no es tan diferente de Latinoamérica como nos pueda parecer por todos los coches de lujo y el dinero, que es mucho más del que hay allí. Yo creo que parte de la grandeza que tiene España y la que tiene Latinoamérica es potencial, la capacidad de atar todo con alambre, de improvisar y tirar para adelante. Lo que hace invencibles a los pueblos es eso. Es o me caigo, o me levanto, o me salpico el pantalón manchado, lo que hace Octavio, lo que hace el personaje de Soldati, lo que hacen en muchísima literatura latinoamericana y lo que hacen los latinoamericanos y hacemos aquí: me levanto y sigo andando. Yo creo que lo que se van a encontrar es esa tranquilidad de darse cuenta de eso, sobre todo los recién llegados. Y los que lleven más tiempo dirán: coño que es así, acá también todo se ata con alambre.