Wednesday, January 31, 2007
Últimas imágenes de ba
Empezaron el viernes pasado. Un pibe de la sastrería se fue de vacaciones: "cuidate nene, europa tiene sus cosas". El sábado, mega cumpleaños, dos corderos, alcohol a granel y otras sustancias. Los amigos que te empiezan a mirar de otra manera, con esa cara borracha como de que pronto vamos a estar lejos. La madder, medio en broma, medio en serio, me quiebra la voz, me dice que me va a extrañar y me cuenta que pequeño oko le dijo que andaba un poco "nostálgico". Primogénita, con el inmenso amor de siempre, me prepara mi torta favorita y me arma un video con los cuatro solcitos (dalma, nerea, giannina y dinorah) cantándome una canción de despedida. Las mismas pendejas que me entregan cartitas, dibujos, mimos, todo, y a la vez me sacan alguna disimulada lágrima de emoción. Los muchachos que me graban un demo con un tema que escribí hace un tiempo. El rubio que me llama a toda hora queriendo saber cuándo nos juntamos y si quiero que me lleve al aeropuerto. Los amigos del quinteto, anoche, tomando una cerveza atrás de otra y brindando por mi viaje y por un gran año para todos. Los pibes de la sastrería, organizando almuerzos y más almuerzos de despedida. Hasta aquél que está enojado me mira a los ojos y deja entrever un atisbo de cariño. Gente que llama, que me quiere ver, juntarse, comer, despedirme, almorzar, abrazarnos. Gente que me quiere bien y me hace sentir querido. La petisa, ayudando en todo lo que puede, con un poco de miedo pero firme, acompañándome. Ojalá se anime, ojalá venga conmigo. Y mi pie izquierdo, cada vez más cerca, y más, de patear el tablero.
Monday, January 29, 2007
Defendiendo al gordo
Desacralizar la literatura."De Osvaldo Soriano aprendí a desacralizar la literatura, a quitarle esa fatuidad que padecen tantos escritores; frente a lo sagrado no existe otra alternativa que arrodillarse y rendir pleitesía. Soriano me enseñó que una buena novela no se sustenta en la propia existencia del autor, sino en una historia fuerte, un argumento sólido que evite los espantajos del psicologismo y la autorreferencia. Me hizo ver, además, que escribir es un oficio, acaso uno de los más nobles oficios, y que poder vivir de la literatura no es un hecho vergonzante, sino un derecho al que todos los autores deberían aspirar. Durante estos años he conocido a muchos mercenarios que, por monedas, venden sus convicciones en distintos medios, pero se escudan en la pureza de la literatura: son escritores. Para ellos la literatura no se negocia. Todo lo demás sí. Muchos de los críticos y colegas que desollaron vivo a Osvaldo Soriano hoy se rasgan las vestiduras vindicando, post mórtem, su figura; pero claro, la piel duele, la ropa se cambia."
Federico Andahazi
Entre gatos y medianoche.
"Soriano fue 'popular', lo que le valió el desprecio de mínimos y masturbatorios círculos académicos, y una constante pelea contra la pequeñez. Uno de los cinco autores de ficción más vendidos en Italia era puesto una y otra vez a prueba en los miserables círculos de la crítica argentina, incapaces de reconocer a un escritor aunque les respire en la cara."
Jorge Lanata
(ambas opiniones fueron publicadas en el suplemento de cultura de perfil del domingo 21 de enero de 2007, con motivo de los diez años de la muerte de osvaldo soriano)
Friday, January 26, 2007
Epopeya neuquina (IX): 64 personas, más de diez afuera y nosotros, más o menos
La noche de año nuevo en neuquén, que también fue la noche siguiente a los villancicos brutales, el tigre oyola nos regaló estas hermosas palabras:
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; son las que se reunieron la noche de anoche, la noche anterior al fin de año 2006 para celebrar nuestros villancicos brutales.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; había en el Arpillera Cultural -de la siempre sonriente Diana- cuando el Arpillera Cultural, de ese sábado 30, fue nuestro.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; es la cifra de una utopía coqueteando con la realidad, es el número del sueño de un poeta neuquino que jugó a la quiniela, y salió primero.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; es lo que mide el abrazo, el cariño sincero, entre dos escritores, que –más allá de geografías- se reconocieron como seres de una misma especie.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; es con lo que se paga un laburo en el que se puso todo para sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; no sé si decir que es lo que amortizamos por cada cosa que dejamos de hacer, que dejamos de lado, que nos perdemos, cuando nos ponemos a escribir.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; valen ese verso de “Magia/Veneno”, porque el recital de los villancicos brutales es ver lo que se pedía, lo que podemos y lo que se queda en intento.
Y sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; fue lograr que lo que escribimos se corporice a través de sus propios autores y que trascendiera nuestra intimidad, nuestro circuito, fue abrir el círculo.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; es lo que les deseo, es lo que nos deseo para el próximo año y los que vendrán. Eso, y que cada uno siga atendiendo su juego. Que sentemos el culo y sigamos escribiendo.
Para después, salir a la arena, pisando fuerte, orgullosos de lo nuestro, para mostrarlo, para compartirlo, para hechizar, a un número que desde ahora siempre va a ser el de sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; son las que se reunieron la noche de anoche, la noche anterior al fin de año 2006 para celebrar nuestros villancicos brutales.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; había en el Arpillera Cultural -de la siempre sonriente Diana- cuando el Arpillera Cultural, de ese sábado 30, fue nuestro.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; es la cifra de una utopía coqueteando con la realidad, es el número del sueño de un poeta neuquino que jugó a la quiniela, y salió primero.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; es lo que mide el abrazo, el cariño sincero, entre dos escritores, que –más allá de geografías- se reconocieron como seres de una misma especie.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; es con lo que se paga un laburo en el que se puso todo para sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; no sé si decir que es lo que amortizamos por cada cosa que dejamos de hacer, que dejamos de lado, que nos perdemos, cuando nos ponemos a escribir.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; valen ese verso de “Magia/Veneno”, porque el recital de los villancicos brutales es ver lo que se pedía, lo que podemos y lo que se queda en intento.
Y sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; fue lograr que lo que escribimos se corporice a través de sus propios autores y que trascendiera nuestra intimidad, nuestro circuito, fue abrir el círculo.
Sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos; es lo que les deseo, es lo que nos deseo para el próximo año y los que vendrán. Eso, y que cada uno siga atendiendo su juego. Que sentemos el culo y sigamos escribiendo.
Para después, salir a la arena, pisando fuerte, orgullosos de lo nuestro, para mostrarlo, para compartirlo, para hechizar, a un número que desde ahora siempre va a ser el de sesenta y cuatro personas, más de diez afuera, y nosotros, más o menos.
Thursday, January 25, 2007
Un hijo en la morgue
"Mi marido fue a la morgue y miró el cuerpo. Yo le di, doblada, la ropa con que debía vestirlo. Le di su jean nuevo y una remera blanca, todo limpio, doblado, planchado. Las saqué yo misma de un cajón. Él fue y se paró frente a una mesa de acero inoxidable y miró el cuerpo desnudo de nuestro hijo. Me lo contó una noche, una madrugada, en la mitad de la noche. '¿Cómo era?' le pregunté. Y él me contó cómo era el cuerpo de mi hijo, porque él lo había visto, parado junto a una mesa de acero inoxidable, en la morgue: vio la mata de pelo negro que le rodeaba el sexo, convertido, al fin de veintitrés años, en el sexo de un hombre; vio las bolsas pálidas que eran sus testículos -porque Francisco era hombre y tenía testículos-, vio el pecho franco y la faja de pelos subiendo hasta el ombligo, como una ría y después abriéndose y ramificándose sobre el pecho de mi hijo; vio las manos bonitas, bruscas, de hombre, de mi hijo; vio un hombro, salido, partido, desfigurando la perfecta simetría del cuerpo de mi hijo; vio un pie, laxo, caído, como si fuera un guante sin nada adentro; vio las uñas de ese pie; vio la herida que partía la frente de mi hijo muerto. No le importó, entonces, que ese hombre gris que lo había guiado entre mesas de acero inoxidable lo mirara llorar y acariciar las piernas de hombre, el pecho de hombre, los brazos de hombre, el sexo de hombre de nuestro hijo muerto. Y al posar la mano sobre una de las piernas, sintió los vellos ríspidos pero suaves que cedieron, cálidos y él mismo -me lo dijo- hubiera jurado que la piel de la cual surgían todavía era una piel viva. Pero no, era fría y tensa, porque nuestro hijo estaba muerto."
(Fragmento del cuento "Francisco muerto, suicidado" arbitrariamente escogido por superloyds. El cuento forma parte del libro 00, de Federico Falco, publicado por Alción Editora en el año 2004)
(Fragmento del cuento "Francisco muerto, suicidado" arbitrariamente escogido por superloyds. El cuento forma parte del libro 00, de Federico Falco, publicado por Alción Editora en el año 2004)
Wednesday, January 24, 2007
Terra se pone fetichista
"-¿A qué le sacaste fotos?
-Una cosa de lo más rara.
-Sí, un bautismo no era seguro.
-Un brasileño descubrió que se calentaba con... Adiviná.
-La lista puede ser larguísima, pibe.
-Tenemos tiempo.
-A ver... Qué sé yo. ¿Un brasuka?
-Sí.
-¿De dónde?
-No sé.
-Ponéle que sea de San Pablo.
-Ponéle.
-¿Con la camiseta de la selección argentina?
-Eso sí sería perverso.
-Dale, decíme.
-El tipo descubrió que le calentaban las plantas de plástico.
-Ah, esa sí que es nueva.
-Las plantas artificiales de los pasillos que no tienen luz.
-Qué enfermo de mierda.
-No, pará...
-¿Y qué se pidió? ¿Un potus de plástico para metérselo en el culo?
-No, eso hubiera sido más simple.
-Claro, lo comprás en cualquier lado.
-Aparte parece que estaba desesperado.
-Me lo puedo imaginar.
-Lo llamó a nuestro amigo y le dijo en portuñol que necesitaba el pedido en una semana.
-¿Por qué?
-Ni idea.
-¿Y qué era?
-Le pidió, atención...
-Dale.
-Una muñeca de goma verde y un traje de látex con textura vegetal, también, por supuesto de color verde.
-El hombre vegetal.
-Exacto. Pero de plástico.
-El hombre vegetal artificial.
-No es zoofilia, sino vegetalofilia.
-¿Y el otro qué le dijo?
-Le pasó un presupuesto y le dijo: 'En una semana te lo tengo'.
-Qué bárbaro.
-Cuando lo tuvo, se consiguió un fotógrafo...
-Se lo conseguí yo.
-Exacto, y le mandó las fotos.
-¿Y ahora?
-Creo que ahora le va a pedir más guita.
-¿Y la muñeca de goma verde?
-La consiguió. Le saqué como treinta fotos. Es verde fosforescente y brilla en la oscuridad.
-¿Y de dónde la sacó?
-Eso le pregunté yo: 'Che, Mauricio, ¿de dónde sacaste estas cosas?'.
-¿Y?
-¿Sabés qué me dijo?
-A ver...
-'Pibe, yo trabajo de esto'.
-Esa.
-Me cagó.
-¿Y el traje también?
-Todo. Parecía un disfraz de monstruo de la laguna verde.
-Sexo en el pantano negro.
-Al tipo le da por ahí, tiene la guita, así que manda.
-Che, me acabás de alegrar la existencia.
-Al tipo me lo imagino trabajando para una importante firma paulista.
-Puede ser.
-En el edificio de una multinacional de cuarenta pisos.
-Mirando por una ventana la selva tropical.
-Y después...
-Robándose la maceta del pasillo para hacerse una escapada al baño.
-Sos un hijo de puta.
-Otra que Greenpeace, hacer el amor verde y no la guerra.
-Después nos fuimos a tomar un café a la esquina.
-¿Con el proveedor sexual?
-Sí.
-¿Y?
-Nos sentamos y me dice: 'Brasil nos lleva años luz en esta materia'.
-¿Qué materia? ¿Plantas artificiales?
-Dice que la producción local de artículos porno es cualquiera, y que Brasil nos pasa el trapo.
-Es muy verosímil.
-Es buen tipo, a mí me cae bien.
-Pero disfraces de monstruo de la laguna parece que no hacen en Brasil."
(Juan Terranova, "El Pornógrafo", Colección Laura Palmer no ha muerto, Gárgola Ediciones, año 2005, fragmento tomado del capítulo 26)
-Una cosa de lo más rara.
-Sí, un bautismo no era seguro.
-Un brasileño descubrió que se calentaba con... Adiviná.
-La lista puede ser larguísima, pibe.
-Tenemos tiempo.
-A ver... Qué sé yo. ¿Un brasuka?
-Sí.
-¿De dónde?
-No sé.
-Ponéle que sea de San Pablo.
-Ponéle.
-¿Con la camiseta de la selección argentina?
-Eso sí sería perverso.
-Dale, decíme.
-El tipo descubrió que le calentaban las plantas de plástico.
-Ah, esa sí que es nueva.
-Las plantas artificiales de los pasillos que no tienen luz.
-Qué enfermo de mierda.
-No, pará...
-¿Y qué se pidió? ¿Un potus de plástico para metérselo en el culo?
-No, eso hubiera sido más simple.
-Claro, lo comprás en cualquier lado.
-Aparte parece que estaba desesperado.
-Me lo puedo imaginar.
-Lo llamó a nuestro amigo y le dijo en portuñol que necesitaba el pedido en una semana.
-¿Por qué?
-Ni idea.
-¿Y qué era?
-Le pidió, atención...
-Dale.
-Una muñeca de goma verde y un traje de látex con textura vegetal, también, por supuesto de color verde.
-El hombre vegetal.
-Exacto. Pero de plástico.
-El hombre vegetal artificial.
-No es zoofilia, sino vegetalofilia.
-¿Y el otro qué le dijo?
-Le pasó un presupuesto y le dijo: 'En una semana te lo tengo'.
-Qué bárbaro.
-Cuando lo tuvo, se consiguió un fotógrafo...
-Se lo conseguí yo.
-Exacto, y le mandó las fotos.
-¿Y ahora?
-Creo que ahora le va a pedir más guita.
-¿Y la muñeca de goma verde?
-La consiguió. Le saqué como treinta fotos. Es verde fosforescente y brilla en la oscuridad.
-¿Y de dónde la sacó?
-Eso le pregunté yo: 'Che, Mauricio, ¿de dónde sacaste estas cosas?'.
-¿Y?
-¿Sabés qué me dijo?
-A ver...
-'Pibe, yo trabajo de esto'.
-Esa.
-Me cagó.
-¿Y el traje también?
-Todo. Parecía un disfraz de monstruo de la laguna verde.
-Sexo en el pantano negro.
-Al tipo le da por ahí, tiene la guita, así que manda.
-Che, me acabás de alegrar la existencia.
-Al tipo me lo imagino trabajando para una importante firma paulista.
-Puede ser.
-En el edificio de una multinacional de cuarenta pisos.
-Mirando por una ventana la selva tropical.
-Y después...
-Robándose la maceta del pasillo para hacerse una escapada al baño.
-Sos un hijo de puta.
-Otra que Greenpeace, hacer el amor verde y no la guerra.
-Después nos fuimos a tomar un café a la esquina.
-¿Con el proveedor sexual?
-Sí.
-¿Y?
-Nos sentamos y me dice: 'Brasil nos lleva años luz en esta materia'.
-¿Qué materia? ¿Plantas artificiales?
-Dice que la producción local de artículos porno es cualquiera, y que Brasil nos pasa el trapo.
-Es muy verosímil.
-Es buen tipo, a mí me cae bien.
-Pero disfraces de monstruo de la laguna parece que no hacen en Brasil."
(Juan Terranova, "El Pornógrafo", Colección Laura Palmer no ha muerto, Gárgola Ediciones, año 2005, fragmento tomado del capítulo 26)
Tuesday, January 23, 2007
Epopeya neuquina (VIII): el equipo festeja
Escribile un poema chabón
Hoy puedo escribirle un cuento
que quepa en la cara posterior
de un desodorante
un cuento en contra de la capa de ozono
continental, exportable
detallado de ingredientes
con direcciones, códigos de barras y precauciones
todo lo que ahora puedo escribirle
debería estar fuera del alcance
de los niños
Diego Vigna
www.ponteunaoveja.blogspot.com
que quepa en la cara posterior
de un desodorante
un cuento en contra de la capa de ozono
continental, exportable
detallado de ingredientes
con direcciones, códigos de barras y precauciones
todo lo que ahora puedo escribirle
debería estar fuera del alcance
de los niños
Diego Vigna
www.ponteunaoveja.blogspot.com
Monday, January 22, 2007
¿LE(O)YÓ LA sección microrrelatos del suplemento de cultura del Perfil del domingo señora ?
Yo la leí y se la recomiendo, doña luisa. Mi amigo personal, el tigre harapiento, que además de melómano es cinéfilo, microrrelata al país entero sus iniciáticos metejones con el séptimo arte. Quién hubiera dicho que ya grandecito lo iba a conocer a Kar-El, en vivo y en directo. ¿Habrá aprendido a hacer que el tiempo vuelva atrás?
Se dio cuenta
Mi auto, el famoso ex buscapanner, se dio cuenta que me voy, que nos queda poco tiempo juntos.
En diez días se rompió tres veces, parece christine de tan sensible.
Así seguro no lo voy a extrañar una goma.
En diez días se rompió tres veces, parece christine de tan sensible.
Así seguro no lo voy a extrañar una goma.
Friday, January 19, 2007
Nacidos en el 62 vs. helicópteros ingleses
"Lo mismo: vienen los helicópteros, no se piensa en correr. Primero porque se nota que te alcanzan, de rápidos que son. Después, porque corriendo se hace fácil pisotear una mina y volar ovejita carneada por el aire. Tercero -causa principal- por lo tan feo del ruido y el olor. El olor ahoga; el ruido paraliza. Vienen volando bajo, atacan en montón: cincuenta, sesenta, cien y hasta más helicópteros se han visto juntos en el ataque. Llegan echando viento para abajo. ¿Y qué es esto tan hermoso? Esto, tan lindo, es: ¡el escape! La primera impresión del escape es buenísima, porque baja caliente. El viento bárbaro y caliente batido por las hélices pega en el suelo y rebota del suelo y entra por las costuras de las ropas, por las bocamangas de los gabanes y por los pantalones y circula y calienta todo. Es alegría el viento recalentado de los helicópteros encima. Pero después, cuando tratan de respirar, se les termina la alegría: respiran y entra el olor a querosén mal quemado de los motores, eso que ahoga. Entonces quisieran que la nieve y el barro los chupen para siempre y quieren que vuelva el frío, el aire y lo mojado y que se vaya para siempre el olor a helicóptero.
Pero lo peor, y lo que quita definitivamente las ganas de correr, y hasta las de vivir, son los tipos: los tipos se asoman por una puerta grande del helicóptero, miran el terreno, lo eligen y tiran su cintita que cae como una serpentina a la tierra. Por ella, que parece que se fuera a cortar, bajan británicos -escots o wels- y ver el entusiasmo que traen quita las ganas de correr y pone en su lugar el arrepentimiento de haber nacido en el putísimo año mil nueve sesenta y dos. ¡Si mirando de arriba, antes de bajar, parece que fueran a tirarse en la pileta del club de contentos! Bajan gritando: el griterío tan fuerte tapa el ruido de los helicópteros -que es como de cien locomotoras- y ya bajando se les ven las caras afeitadas, alegres, lisitas, y se les ven los dientes de Kolynos que tienen y se les ven los ojos todos de vidrio celestito que cuando miran al argentino parecen apoyarle cubitos de hielo encima del riñón.
Como si fueran a una fiesta bajan: se dan palmadas, riéndose; hacen flexiones en la cintita para caer con gracia como en un circo y cuando tocan el suelo -piedra, pasto, o restos de batalla, fierros fundidos o muertos negros- salen trotando. Si ven al argentino, lo miran y él no lo puede creer; miran a la cara, entornan los ojitos eléctricos y si no tiene armas largas, lo dejan donde está. Uno que otro lo relojea como calculándole el precio de la ropa, pero la mayoría hace no más que el gesto de lucir el estado atlético y nunca falta el hombre bajado de helicóptero que mira al argentino de perfil y lo escupe y dice algo en británico que no se entiende, ni falta el que lo pisa. A veces pisa uno y todos se desvían para pasarle en orden por encima al caído y pasan cinco, diez (hasta treinta pueden salir de un helicóptero) clavándole la bota, y el último lo esquiva, mirándolo con lástima y entonces el argentino entiende lo que debió sentir aquella oveja que se iba yendo por el campo con tanto disimulo.
A los motores de helicópteros los británicos deben ponerles esos escapes especiales para que hagan más ruido y asusten más. Y a los hombres de los helicópteros los mandan con una o dos pastillas de pelear adentro y los eligen a propósito con caras de felices, ojos de hijos de puta y medio flacos y livianos para que no hagan mucho bulto en la cabina.
Cuando los que habían visto bajar a los hombres de helicóptero supieron cuánto ganaban de sueldo -más que un general argentino, lo que es mucho decir- justificaron que se tirasen tan contentos por esa cinta fina que parece que en cualquier momento se les fuera a romper, pero les aguanta."
(Rodolfo Enrique Fogwill, "Los pichiciegos", año 1982, reeditado por Interzona en el año 2006, fragmento tomado de la segunda parte, capítulo 5)
Pero lo peor, y lo que quita definitivamente las ganas de correr, y hasta las de vivir, son los tipos: los tipos se asoman por una puerta grande del helicóptero, miran el terreno, lo eligen y tiran su cintita que cae como una serpentina a la tierra. Por ella, que parece que se fuera a cortar, bajan británicos -escots o wels- y ver el entusiasmo que traen quita las ganas de correr y pone en su lugar el arrepentimiento de haber nacido en el putísimo año mil nueve sesenta y dos. ¡Si mirando de arriba, antes de bajar, parece que fueran a tirarse en la pileta del club de contentos! Bajan gritando: el griterío tan fuerte tapa el ruido de los helicópteros -que es como de cien locomotoras- y ya bajando se les ven las caras afeitadas, alegres, lisitas, y se les ven los dientes de Kolynos que tienen y se les ven los ojos todos de vidrio celestito que cuando miran al argentino parecen apoyarle cubitos de hielo encima del riñón.
Como si fueran a una fiesta bajan: se dan palmadas, riéndose; hacen flexiones en la cintita para caer con gracia como en un circo y cuando tocan el suelo -piedra, pasto, o restos de batalla, fierros fundidos o muertos negros- salen trotando. Si ven al argentino, lo miran y él no lo puede creer; miran a la cara, entornan los ojitos eléctricos y si no tiene armas largas, lo dejan donde está. Uno que otro lo relojea como calculándole el precio de la ropa, pero la mayoría hace no más que el gesto de lucir el estado atlético y nunca falta el hombre bajado de helicóptero que mira al argentino de perfil y lo escupe y dice algo en británico que no se entiende, ni falta el que lo pisa. A veces pisa uno y todos se desvían para pasarle en orden por encima al caído y pasan cinco, diez (hasta treinta pueden salir de un helicóptero) clavándole la bota, y el último lo esquiva, mirándolo con lástima y entonces el argentino entiende lo que debió sentir aquella oveja que se iba yendo por el campo con tanto disimulo.
A los motores de helicópteros los británicos deben ponerles esos escapes especiales para que hagan más ruido y asusten más. Y a los hombres de los helicópteros los mandan con una o dos pastillas de pelear adentro y los eligen a propósito con caras de felices, ojos de hijos de puta y medio flacos y livianos para que no hagan mucho bulto en la cabina.
Cuando los que habían visto bajar a los hombres de helicóptero supieron cuánto ganaban de sueldo -más que un general argentino, lo que es mucho decir- justificaron que se tirasen tan contentos por esa cinta fina que parece que en cualquier momento se les fuera a romper, pero les aguanta."
(Rodolfo Enrique Fogwill, "Los pichiciegos", año 1982, reeditado por Interzona en el año 2006, fragmento tomado de la segunda parte, capítulo 5)
Thursday, January 18, 2007
Yo no creo en las brujas, pero...
Caminando por la zona del obelisco, esta mañana, me dieron este volante:
TAROT y BUZIOS
VIDENTE
Profesora FERNANDA
SOLUCIONAMOS TODO TIPO DE
PROBLEMAS LABORALES.
PROBLEMAS EN EL AMOR.
TRAEMOS TU PAREJA A TUS PIES.
TIMIDEZ - TRISTEZA - DEPRESIONES.
PROBLEMAS SEXUALES.
SOLUCIÓN EN 7 DÍAS.
NO DUDES EN LLAMARNOS AL
4326-1058
Carlos Pellegrini
Frente al Obelisco
VIDENTE
Profesora FERNANDA
SOLUCIONAMOS TODO TIPO DE
PROBLEMAS LABORALES.
PROBLEMAS EN EL AMOR.
TRAEMOS TU PAREJA A TUS PIES.
TIMIDEZ - TRISTEZA - DEPRESIONES.
PROBLEMAS SEXUALES.
SOLUCIÓN EN 7 DÍAS.
NO DUDES EN LLAMARNOS AL
4326-1058
Carlos Pellegrini
Frente al Obelisco
Wednesday, January 17, 2007
Lecturas de viaje: los caminos
La noche de año nuevo en neuquén, el gran narrador paranaense, el hombre del cabello que nunca se moja, quiso compartir este texto con todos los presentes.
“y aunque la línea está cortada señalando el fin
yo sólo digo adiós hasta que nos veamos de nuevo”
Bob Dylan
yo sólo digo adiós hasta que nos veamos de nuevo”
Bob Dylan
A veces pienso que los días de mi vida se parecen a las teclas de esta máquina. Son redondos y precisos y justamente porque no hacen otra cosa que escribir.
Paco Urondo me ha dicho quiero que escribas algo para el Diario de Mendoza. Y yo le he dicho que bueno, que sí a esa voz precipitada que se dispara desde algún rincón de esta madre Baires y atraviesa un millón de paredes, y antes de colgar la voz me ha dicho un día de estos tomamos un café y charlamos y yo he dicho que sí, que bueno y le he pedido a mi vieja que me sirva un café y bebo en honor de Paco este solitario café que de otra manera se enfriaría en el pocillo esperando el día porque aquí no hay tiempo realmente para las ceremonias del ocio y todo se reduce a voces y urgencias y paredes y señales. Y ahora me siento a escribir y en el mismo momento, a seiscientos kilómetros de aquí, mi amigo Lirio Rocha se sienta en la puerta de su rancho, porque sus días son igualmente redondos, sólo que en otro sentido, se sienta, como digo, en la puerta de su rancho, en la Punta del Diablo, al norte de Cabo Polonio, entre el faro de Polonio y el de Chuy, y mira el mar después de cabalgar un día sobre el lomo de su chalana, porque es el tiempo de la zafra del tiburón, ese oscuro pez del invierno hecho a su imagen y semejanza, y se pregunta (es necesario que se pregunte para que yo siga vivo porque yo soy tan sólo su memoria), se pregunta, digo, qué hará el flaco, es decir, yo, seiscientos kilómetros más abajo en el mismo atardecer. Y entonces yo me pregunto a mi vez qué es lo que hago realmente, o para decirlo de otra manera por qué escribo, que es lo que se pregunta todo el mundo cuando se le cruza por adelante uno de nosotros, y entonces uno pone cara de atormentado y dice que está en la Gran Cosa, la misión y toda esa lata, pero yo sé que a mi amigo Lirio Rocha no puedo decirle nada de eso porque él sí que está en la Gran Cosa, esto es, en la vida y que yo hago lo que hago, si efectivamente es hacer algo, como una forma de contarme todas las vidas que no pude vivir, la de Lirio por ejemplo, que esta madrugada volverá al mar, de manera que se duerme y me olvida.
Y yo dejo de golpear esta máquina. Y ahora, que es noche cerrada y las voces y las paredes se han muerto hasta mañana y la Gran Noche de Baires se parece al mar pongo un disco de Jobim para no morirme del todo y pienso en mi otro amigo, porque es el momento de los amigos y las ausencias, mi amigo Alfonso Domínguez, capitán, que vive también frente al mar, algunas millas más abajo sobre el lomo salado del Cabo Santa María y que toca la flauta como Herbie Mann y talla mascarones como el Aleijandinho y aparte de eso calcula la derrota de cada barco que pasa en el horizonte y bebe una copa de vino a cada cambio de viento, siempre que no tarde demasiado, y entonces vuelvo a golpear otra tecla y otra porque me digo que, después de todo, nadie sabrá de ellos si no es por este viejo artificio y que es igualmente urgente y necesario que mi amigo Antonio Di Benedetto y Mercedes del Carmen Thierry, que tiene los ojos más sabios del mundo, y don Florencio Giacobone que vive en Rivadavia y prepara las mejores conservas de este lado de la tierra y que todos los inviernos baja al Delta a faenar un par de cerdos en el almacén del Nene Bruzzone, que nació en las islas y tripuló aquel doble par de leyenda con el flaco Bataglia cuando todos los remeros eran campeones, y el resto generoso de los muchos y buenos amigos de Mendoza tengan noticias de estos otros amigos que viven frente al mar, y es así que por fin entiendo cuál es la Gran Cosa, porque yo los junto a todos ellos, salto sobre las distancias y el tiempo y los junto a todos ellos en esta mesa del recuerdo que tiendo y sirvo para mis amigos.
(Haroldo Conti, septiembre de 1969)
Paco Urondo me ha dicho quiero que escribas algo para el Diario de Mendoza. Y yo le he dicho que bueno, que sí a esa voz precipitada que se dispara desde algún rincón de esta madre Baires y atraviesa un millón de paredes, y antes de colgar la voz me ha dicho un día de estos tomamos un café y charlamos y yo he dicho que sí, que bueno y le he pedido a mi vieja que me sirva un café y bebo en honor de Paco este solitario café que de otra manera se enfriaría en el pocillo esperando el día porque aquí no hay tiempo realmente para las ceremonias del ocio y todo se reduce a voces y urgencias y paredes y señales. Y ahora me siento a escribir y en el mismo momento, a seiscientos kilómetros de aquí, mi amigo Lirio Rocha se sienta en la puerta de su rancho, porque sus días son igualmente redondos, sólo que en otro sentido, se sienta, como digo, en la puerta de su rancho, en la Punta del Diablo, al norte de Cabo Polonio, entre el faro de Polonio y el de Chuy, y mira el mar después de cabalgar un día sobre el lomo de su chalana, porque es el tiempo de la zafra del tiburón, ese oscuro pez del invierno hecho a su imagen y semejanza, y se pregunta (es necesario que se pregunte para que yo siga vivo porque yo soy tan sólo su memoria), se pregunta, digo, qué hará el flaco, es decir, yo, seiscientos kilómetros más abajo en el mismo atardecer. Y entonces yo me pregunto a mi vez qué es lo que hago realmente, o para decirlo de otra manera por qué escribo, que es lo que se pregunta todo el mundo cuando se le cruza por adelante uno de nosotros, y entonces uno pone cara de atormentado y dice que está en la Gran Cosa, la misión y toda esa lata, pero yo sé que a mi amigo Lirio Rocha no puedo decirle nada de eso porque él sí que está en la Gran Cosa, esto es, en la vida y que yo hago lo que hago, si efectivamente es hacer algo, como una forma de contarme todas las vidas que no pude vivir, la de Lirio por ejemplo, que esta madrugada volverá al mar, de manera que se duerme y me olvida.
Y yo dejo de golpear esta máquina. Y ahora, que es noche cerrada y las voces y las paredes se han muerto hasta mañana y la Gran Noche de Baires se parece al mar pongo un disco de Jobim para no morirme del todo y pienso en mi otro amigo, porque es el momento de los amigos y las ausencias, mi amigo Alfonso Domínguez, capitán, que vive también frente al mar, algunas millas más abajo sobre el lomo salado del Cabo Santa María y que toca la flauta como Herbie Mann y talla mascarones como el Aleijandinho y aparte de eso calcula la derrota de cada barco que pasa en el horizonte y bebe una copa de vino a cada cambio de viento, siempre que no tarde demasiado, y entonces vuelvo a golpear otra tecla y otra porque me digo que, después de todo, nadie sabrá de ellos si no es por este viejo artificio y que es igualmente urgente y necesario que mi amigo Antonio Di Benedetto y Mercedes del Carmen Thierry, que tiene los ojos más sabios del mundo, y don Florencio Giacobone que vive en Rivadavia y prepara las mejores conservas de este lado de la tierra y que todos los inviernos baja al Delta a faenar un par de cerdos en el almacén del Nene Bruzzone, que nació en las islas y tripuló aquel doble par de leyenda con el flaco Bataglia cuando todos los remeros eran campeones, y el resto generoso de los muchos y buenos amigos de Mendoza tengan noticias de estos otros amigos que viven frente al mar, y es así que por fin entiendo cuál es la Gran Cosa, porque yo los junto a todos ellos, salto sobre las distancias y el tiempo y los junto a todos ellos en esta mesa del recuerdo que tiendo y sirvo para mis amigos.
(Haroldo Conti, septiembre de 1969)
Lecturas de viaje: anuario 2006 policiales
ENERO: un joven fue asesinado en una pelea callejera
Ninguna de las personas que en la tarde del 14 de enero disfrutaba del sol y el agua en el Río Grande se enteró que a pocos metros de allí un joven murió como resultado de una violenta pelea callejera.
El escenario fue una calurosa calle de tierra ubicada a una cuadra del balneario. La víctima, Leandro César Pillancar, de 25 años.
Tanto Pillancar como su asesino mantuvieron sin materializar un enfrentamiento desde hacía mucho tiempo, aunque la Policía no logró dilucidar por qué. Lo que sí se supo es lo que finalmente pasó.
Cerca de las 17 de aquel sábado de enero Pillancar y un amigo se encontraron con otros dos jóvenes. En cuestión de segundos el problema de vieja data se transformó en un violento cruce de piñas y patadas. Luego la situación se tornó más sangrienta. Es que uno de los jóvenes sacó un cuchillo y apuñaló al otro y Pillancar cayó moribundo, con una profunda herida a centímetros del corazón.
FEBRERO: aplastado por su propio auto
Una verdadera tragedia. Gabriel Fuentes tenía 49 años y el lunes 6 de febrero estaba sentado en una silla frente a su automóvil, estacionado en el garage de su casa. Un vehículo fuera de control chocó contra el portón de rejas de la vivienda y luego al rodado. Fuentes murió aplastado por su propio auto.
MARZO: una mujer murió tras prenderse fuego
Doce horas duró la agonía de una desesperada mujer que murió como consecuencia de las quemaduras que sufrió luego de haberse prendido fuego a lo bonzo. Las causas de la decisión nadie las sabrá. La mujer de 37 años no dejó una nota ni explico a nadie el porqué de su trágica despedida.
La tranquila tarde del viernes 17 de marzo se vio irrumpida por los gritos y las miradas atónitas de los vecinos de Catriel y Orquín de esta ciudad.
Es que a plena luz del día, la mujer se roció con nafta que había llevado en un bidón de 5 litros y se prendió fuego.
ABRIL: un joven asesinado de un martillazo
El llamativo silencio que mostraba la casilla de una nueva toma en el barrio El Progreso en la que vivía Pablo Iribarren, de 22 años, hizo que los vecinos llamaran a la Policía. La escena con la que se toparon fue tan escalofriante como certera: el joven había sido asesinado de un martillazo en la cabeza.
Sólo sus asesinos saben a ciencia cierta qué fue lo que ocurrió dentro de esa precaria vivienda y cuáles fueron los motivos.
Lo cierto es que la Policía secuestró en el lugar un martillo, que bien pudo ser el arma homicida, que causó una herida cortante y mortal en la parte posterior de la cabeza de Iribarren.
MAYO: un ginecólogo procesado
Carlos Anzaldo es un claro ejemplo de cómo una persona puede pasar de ser un ciudadano reconocido y respetado a ser rechazado en forma efusiva por gran parte de la comunidad de Cinco Saltos.
Aunque la Justicia aún no ha dado su última palabra, el ginecólogo está procesado por el delito de abuso sexual, por una de las cinco denuncias que existen en su contra.
Anzaldo fue detenido y procesado el 10 de mayo, como consecuencia de una denuncia formulada en marzo, por una ex alumna suya del colegio Kennedy, de 16 años. La joven aseguró que el ginecólogo la violó durante una consulta en la que la adolescente pretendía hacerse un Pap.
Pero la joven fue más lejos e indicó que, días después, Anzaldo se burló de ella, ante todos sus compañeros, durante una de las clases de Biología que dictaba.
La joven habría sido atendida en tres oportunidades por el médico procesado por abuso sexual. Luego se radicaron cuatro nuevas denuncias, todas ellas en la fiscalía de Cinco Saltos, a cargo de José Rodríguez Chazarreta. El denominador común en todos los procesos iniciados es que las denunciantes son mujeres jóvenes y ex alumnas o pacientes del profesional.
JUNIO: el dramático final de sofía pasek
El seleccionado argentino enfrentaba a Holanda en el último Mundial de fútbol, mientras Sofía Pasek, de 84 años, dormía la siesta durante la tarde del 21 de junio, en su casa de Almirante Brown 371, en pleno centro de la ciudad.
Pero su vivienda estaba pegada a una obra en la que decenas de obreros construían un edificio. Desde las alturas y sin aviso, cayó un enorme bloque de cemento que perforó el techo de la casa y que, literalmente, aplastó a la anciana.
JULIO: bebé de un año muere calcinado en cutral có
La vivienda en la que vivía con sus padres se incendió por un mechero que la familia utilizaba para calefaccionarla. Fue durante la madrugada, cuando el pequeño estaba solo en su casa durmiendo.
AGOSTO: el desalojo de la muerte
Raúl Guillermo Pilli tenía 48 años cuando, el 3 de agosto de 2006, tomó la determinación de rociarse combustible y prenderse fuego para intentar evitar el desalojo de un taller ubicado sobre tierras municipales, en el barrio de Don Bosco.
Ocho días después, Pilli murió en una habitación del Hospital Castro Rendón, debido a las graves quemaduras sufridas, que le cubrían el 50 por ciento de su cuerpo.
SEPTIEMBRE: el secuestro de una adolescente gitana
El padre de una gitana, que el 1º de septiembre se había ausentado de su casa unas horas antes, recibió un llamado telefónico en el que desconocidos solicitaban un rescate de 150 mil pesos. Pero la adolescente, de 16 años, apareció unas horas después en su casa, sana y salva.
La menor no supo explicar cuántas personas la secuestraron ni tampoco la marca o el modelo del vehículo que utilizaron para trasladarla.
A pesar de los esfuerzos de la Policía, todo quedó en la nada y nunca se sabrá si fue un verdadero secuestro, un intento de estafa o una broma de mal gusto.
OCTUBRE: el último regreso a casa
El barrio Manzana del Sol de Cipolletti fue el escenario del final trágico de la nena de 5 años. Como todos los días, la pequeña fue llevada hasta su casa en el transporte escolar, tras cumplir sus horas en la escuela.
El 24 de octubre la fatalidad se hizo presente y pasó lo peor. Pasadas las 18.30 la combi arribó a la puerta de la casa de la pequeña y detuvo su marcha.
Un cambio en la rutina y un descuido le provocaron la muerte a la niña, quien era la última pasajera del recorrido.
Contaron que la niña siempre se bajaba del utilitario y, después de dar la vuelta al rodado por la parte posterior de éste, ingresaba a la casa.
Esa tarde, el conductor del transporte escolar no se habría dado cuenta de que la pequeña había cambiado su habitual rutina. Esa tarde la niña dio la vuelta hacia el otro lado.
Ya presente, la fatalidad se hizo material. El chofer inició la marcha del transporte y atropelló a la menor, provocándole la muerte inmediata.
NOVIEMBRE: una monja con droga
El ingenio de algunos allegados a los internos de la U11 para ingresar drogas a la cárcel tuvo una clara muestra el 6 de noviembre pasado, cuando los celadores advirtieron que una monja, engañada en su buena fe, entró con un pan que contenía varios gramos de marihuana y pastillas de psicofármacos.
Todo comenzó cuando la religiosa se acercó a la unidad para entregar alimentos a los internos -tal como lo hace habitualmente-, aunque esta vez le tocó pasar un mal momento.
Los guardias de la cárcel revisaron los alimentos que llevaba la monja, que habían sido donados, y descubrieron que en el interior de un pan había varios gramos de marihuana y pastillas de un psicofármaco que aún no había sido identificado.
DICIEMBRE: modista baleó a un joven
Una modista, cansada de que un adolescente la asaltara, lo hirió de un balazo en el abdomen, minutos después del mediodía del miércoles 13 de diciembre, en su casa de la calle Combate de San Lorenzo.
(todas estas notas fueron tomadas del suplemento anuario 2006 policiales, publicado por el diario la mañana de neuquén, el día domingo 31 de diciembre de 2006)
Ninguna de las personas que en la tarde del 14 de enero disfrutaba del sol y el agua en el Río Grande se enteró que a pocos metros de allí un joven murió como resultado de una violenta pelea callejera.
El escenario fue una calurosa calle de tierra ubicada a una cuadra del balneario. La víctima, Leandro César Pillancar, de 25 años.
Tanto Pillancar como su asesino mantuvieron sin materializar un enfrentamiento desde hacía mucho tiempo, aunque la Policía no logró dilucidar por qué. Lo que sí se supo es lo que finalmente pasó.
Cerca de las 17 de aquel sábado de enero Pillancar y un amigo se encontraron con otros dos jóvenes. En cuestión de segundos el problema de vieja data se transformó en un violento cruce de piñas y patadas. Luego la situación se tornó más sangrienta. Es que uno de los jóvenes sacó un cuchillo y apuñaló al otro y Pillancar cayó moribundo, con una profunda herida a centímetros del corazón.
FEBRERO: aplastado por su propio auto
Una verdadera tragedia. Gabriel Fuentes tenía 49 años y el lunes 6 de febrero estaba sentado en una silla frente a su automóvil, estacionado en el garage de su casa. Un vehículo fuera de control chocó contra el portón de rejas de la vivienda y luego al rodado. Fuentes murió aplastado por su propio auto.
MARZO: una mujer murió tras prenderse fuego
Doce horas duró la agonía de una desesperada mujer que murió como consecuencia de las quemaduras que sufrió luego de haberse prendido fuego a lo bonzo. Las causas de la decisión nadie las sabrá. La mujer de 37 años no dejó una nota ni explico a nadie el porqué de su trágica despedida.
La tranquila tarde del viernes 17 de marzo se vio irrumpida por los gritos y las miradas atónitas de los vecinos de Catriel y Orquín de esta ciudad.
Es que a plena luz del día, la mujer se roció con nafta que había llevado en un bidón de 5 litros y se prendió fuego.
ABRIL: un joven asesinado de un martillazo
El llamativo silencio que mostraba la casilla de una nueva toma en el barrio El Progreso en la que vivía Pablo Iribarren, de 22 años, hizo que los vecinos llamaran a la Policía. La escena con la que se toparon fue tan escalofriante como certera: el joven había sido asesinado de un martillazo en la cabeza.
Sólo sus asesinos saben a ciencia cierta qué fue lo que ocurrió dentro de esa precaria vivienda y cuáles fueron los motivos.
Lo cierto es que la Policía secuestró en el lugar un martillo, que bien pudo ser el arma homicida, que causó una herida cortante y mortal en la parte posterior de la cabeza de Iribarren.
MAYO: un ginecólogo procesado
Carlos Anzaldo es un claro ejemplo de cómo una persona puede pasar de ser un ciudadano reconocido y respetado a ser rechazado en forma efusiva por gran parte de la comunidad de Cinco Saltos.
Aunque la Justicia aún no ha dado su última palabra, el ginecólogo está procesado por el delito de abuso sexual, por una de las cinco denuncias que existen en su contra.
Anzaldo fue detenido y procesado el 10 de mayo, como consecuencia de una denuncia formulada en marzo, por una ex alumna suya del colegio Kennedy, de 16 años. La joven aseguró que el ginecólogo la violó durante una consulta en la que la adolescente pretendía hacerse un Pap.
Pero la joven fue más lejos e indicó que, días después, Anzaldo se burló de ella, ante todos sus compañeros, durante una de las clases de Biología que dictaba.
La joven habría sido atendida en tres oportunidades por el médico procesado por abuso sexual. Luego se radicaron cuatro nuevas denuncias, todas ellas en la fiscalía de Cinco Saltos, a cargo de José Rodríguez Chazarreta. El denominador común en todos los procesos iniciados es que las denunciantes son mujeres jóvenes y ex alumnas o pacientes del profesional.
JUNIO: el dramático final de sofía pasek
El seleccionado argentino enfrentaba a Holanda en el último Mundial de fútbol, mientras Sofía Pasek, de 84 años, dormía la siesta durante la tarde del 21 de junio, en su casa de Almirante Brown 371, en pleno centro de la ciudad.
Pero su vivienda estaba pegada a una obra en la que decenas de obreros construían un edificio. Desde las alturas y sin aviso, cayó un enorme bloque de cemento que perforó el techo de la casa y que, literalmente, aplastó a la anciana.
JULIO: bebé de un año muere calcinado en cutral có
La vivienda en la que vivía con sus padres se incendió por un mechero que la familia utilizaba para calefaccionarla. Fue durante la madrugada, cuando el pequeño estaba solo en su casa durmiendo.
AGOSTO: el desalojo de la muerte
Raúl Guillermo Pilli tenía 48 años cuando, el 3 de agosto de 2006, tomó la determinación de rociarse combustible y prenderse fuego para intentar evitar el desalojo de un taller ubicado sobre tierras municipales, en el barrio de Don Bosco.
Ocho días después, Pilli murió en una habitación del Hospital Castro Rendón, debido a las graves quemaduras sufridas, que le cubrían el 50 por ciento de su cuerpo.
SEPTIEMBRE: el secuestro de una adolescente gitana
El padre de una gitana, que el 1º de septiembre se había ausentado de su casa unas horas antes, recibió un llamado telefónico en el que desconocidos solicitaban un rescate de 150 mil pesos. Pero la adolescente, de 16 años, apareció unas horas después en su casa, sana y salva.
La menor no supo explicar cuántas personas la secuestraron ni tampoco la marca o el modelo del vehículo que utilizaron para trasladarla.
A pesar de los esfuerzos de la Policía, todo quedó en la nada y nunca se sabrá si fue un verdadero secuestro, un intento de estafa o una broma de mal gusto.
OCTUBRE: el último regreso a casa
El barrio Manzana del Sol de Cipolletti fue el escenario del final trágico de la nena de 5 años. Como todos los días, la pequeña fue llevada hasta su casa en el transporte escolar, tras cumplir sus horas en la escuela.
El 24 de octubre la fatalidad se hizo presente y pasó lo peor. Pasadas las 18.30 la combi arribó a la puerta de la casa de la pequeña y detuvo su marcha.
Un cambio en la rutina y un descuido le provocaron la muerte a la niña, quien era la última pasajera del recorrido.
Contaron que la niña siempre se bajaba del utilitario y, después de dar la vuelta al rodado por la parte posterior de éste, ingresaba a la casa.
Esa tarde, el conductor del transporte escolar no se habría dado cuenta de que la pequeña había cambiado su habitual rutina. Esa tarde la niña dio la vuelta hacia el otro lado.
Ya presente, la fatalidad se hizo material. El chofer inició la marcha del transporte y atropelló a la menor, provocándole la muerte inmediata.
NOVIEMBRE: una monja con droga
El ingenio de algunos allegados a los internos de la U11 para ingresar drogas a la cárcel tuvo una clara muestra el 6 de noviembre pasado, cuando los celadores advirtieron que una monja, engañada en su buena fe, entró con un pan que contenía varios gramos de marihuana y pastillas de psicofármacos.
Todo comenzó cuando la religiosa se acercó a la unidad para entregar alimentos a los internos -tal como lo hace habitualmente-, aunque esta vez le tocó pasar un mal momento.
Los guardias de la cárcel revisaron los alimentos que llevaba la monja, que habían sido donados, y descubrieron que en el interior de un pan había varios gramos de marihuana y pastillas de un psicofármaco que aún no había sido identificado.
DICIEMBRE: modista baleó a un joven
Una modista, cansada de que un adolescente la asaltara, lo hirió de un balazo en el abdomen, minutos después del mediodía del miércoles 13 de diciembre, en su casa de la calle Combate de San Lorenzo.
(todas estas notas fueron tomadas del suplemento anuario 2006 policiales, publicado por el diario la mañana de neuquén, el día domingo 31 de diciembre de 2006)
Monday, January 15, 2007
Lecturas de viaje: la angustia de dos bomberos: el incendio era en la casa de sus padres
Probablemente nunca imaginaron que la vocación que desde niños manifestaron por ser Bomberos Voluntarios se pusiera en juego de esa manera. Ayer, cerca del mediodía, los ojos enrojecidos y húmedos por tanto humo pero también por el dolor de ver quemarse la casa de sus padres no impidieron que Cristian y Mario, dos bomberos voluntarios de Roca, trabajaran a la par de sus otros compañeros para tratar de extinguir el fuego.
Según relató la madre de los jóvenes, Sandra de Lezcano, ella se encontraba en la cocina junto a su hija menor y dos nietos de 6 y 2 años cuando vio el humo negro que corría por el techo de machimbre del pasillo que da a las habitaciones. La sorpresa y el desconcierto, de todos modos, provocaron una reacción inmediata: "Le dije a mi hija que saliera enseguida con los chicos", manifestó la mujer, angustiada mientras miraba cómo sus hijos entraban y salían de la casa haciendo su trabajo...
Una vez extinguido el fuego y luego de abrazos interminables y sentidos hacia los Lezcano, muchos compañeros de los jóvenes se quedaron para ayudar a retirar la gran cantidad de agua que fue arrojada para terminar con las llamas y limpiar la casa del tizne del humo en una muestra de compañerismo y solidaridad ya que no es un trabajo que les competa."
(noticia publicada en el diario río negro de general roca, el día domingo 31 de diciembre de 2006)
Según relató la madre de los jóvenes, Sandra de Lezcano, ella se encontraba en la cocina junto a su hija menor y dos nietos de 6 y 2 años cuando vio el humo negro que corría por el techo de machimbre del pasillo que da a las habitaciones. La sorpresa y el desconcierto, de todos modos, provocaron una reacción inmediata: "Le dije a mi hija que saliera enseguida con los chicos", manifestó la mujer, angustiada mientras miraba cómo sus hijos entraban y salían de la casa haciendo su trabajo...
Una vez extinguido el fuego y luego de abrazos interminables y sentidos hacia los Lezcano, muchos compañeros de los jóvenes se quedaron para ayudar a retirar la gran cantidad de agua que fue arrojada para terminar con las llamas y limpiar la casa del tizne del humo en una muestra de compañerismo y solidaridad ya que no es un trabajo que les competa."
(noticia publicada en el diario río negro de general roca, el día domingo 31 de diciembre de 2006)
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