Thursday, October 04, 2007

socorrista

el pibito absorto en sus pensamientos
mete un pie después el otro
ese hijo que nunca voy a tener
que nunca vamos a tener
se tira a la pileta tirita y sale
chorreando agua por la
escalerita

me mira con curiosidad sonríe
parece que va a preguntarme algo
pero su mamá que no sos vos
lo llama desde lejos:
ven aquí niño, deja tranquilo al socorrista

Wednesday, October 03, 2007

Madriloyds: troquelado en el buk


Gracias Noe por inmortalizar esa caripela !

Tuesday, October 02, 2007

Cambio de rumbo: lecturas

"Yo había visto demasiadas cosas poco claras como para estar contento. Sabía demasiado y no suficiente. Hay que salir, me dije, volver a salir. Tal vez lo encuentres, a Robinson. Era una idea idiota, evidentemente, pero recurría a ella para tener un pretexto a fin de salir otra vez, tanto más cuanto que en vano daba vueltas y más vueltas sobre aquella piltra tan pequeña, no lograba pegar ojo ni un instante. Ni siquiera masturbándote, en casos así, experimentas consuelo ni distracción. Conque te entra una desesperación que para qué.
Lo peor es que te preguntas de dónde vas a sacar bastantes fuerzas la mañana siguiente para seguir haciendo lo que has hecho la víspera y desde hace ya tanto tiempo, de dónde vas a sacar fuerzas para ese trajinar absurdo, para esos mil proyectos que nunca salen bien, esos intentos por salir de la necesidad agobiante, intentos siempre abortados, y todo ello para acabar convenciéndote una vez más de que el destino es invencible, de que hay que volver a caer al pie de la muralla, todas las noches, con la angustia del día siguiente, cada vez más precario, más sórdido.
Es la edad también que se acerca tal vez, traidora, y nos amenaza con lo peor. Ya no nos queda demasiada música dentro para hacer bailar a la vida: ahí está. Toda la juventud ha ido a morir al fin del mundo en el silencio de la verdad. ¿Y adónde ir, fuera, decidme, cuando no llevas contigo la suma suficiente de delirio? La verdad es una agonía ya interminable. La verdad de este mundo es la muerte. Hay que escoger: morir o mentir. Yo nunca me he podido matar."


(Louis-Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche, traducción de Carlos Manzano, Edhasa, Barcelona, año 1994)

Friday, September 28, 2007

Barcelona era una fiesta

No pude haber elegido mejor momento para ir a Barcelona. Un poco descocado pero satisfecho, me subí al bondi en Avenida de América y dormí las siete horas y media que duró el viaje. Asiento de dos hasta Zaragoza, donde una vieja invasiva se sentó encima de mis piernas dormidas sin siquiera avisar. Desperté a la entrada de Barcelona y ya noté una ciudad mucho más bella que la última vez. Hace unos cinco años con pequeño oko encontramos un lugar mucho más yonqui, con gente medio ida gritando, pidiendo plata y tirada por las calles. La Plaza Real, por ejemplo, era más bien un reino de camellos y adictos (ahora es una maravilla) y perderte en el barrio gótico podía no ser muy aconsejable. Pero actualmente es un placer, pasé la mitad del tiempo dejándome absorber por esas calles laberínticas, mirando hacia arriba, los balcones y las cúpulas, encontrando una postal en cada esquina, sacando fotos siempre que mi histérica cámara me lo permitía. Y Barcelona era una fiesta porque de pura casualidad caí en plena fiesta de la mercé: la virgen de la mercé es la patrona de la ciudad, hace muchos años salvó a los barceloneses de distintas pestes y todos los septiembres se le rinde culto. En cada plaza del barrio gótico habían armado un escenario y todas las noches tocaban diferentes bandas una detrás de la otra, mientras la gente iba bailando de aquí para allá y los paquis vendían latas de cerveza helada a un euro. Por las calles principales pasaban desfiles con carrozas, orquestas y muñecos gigantes y giratorios. Un verdadero espectáculo. Anduve vagando solo la mayor parte del tiempo, porque si bien iba a encontrarme con una amiga y tenía alojamiento en una casa de familia, decidí cortarme por las mías e interactuar con la gente que casualmente se cruzara en mi camino. Entonces amarré en un hostel en pleno barrio gótico, regenteado por una gente muy simpática y lleno de jóvenes viajeros de todas partes del mundo. Ahí y en las calles hice amigos y amigas de Alemania, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Colombia, España, Estonia, Francia e Italia. Y la pasé de puta madre en esta ciudad cada día más cosmopolita. Volví a caminar por Paseo de Gracia mirando los edificios gaudianos bien desde abajo, a patear por las ramblas, a admirar la Sagrada Familia y sus progresos que nunca llegan a terminarla, a sentarme en las entradas de los edificios en la pintoresca y nauseabunda Barceloneta, a caminar por la villa olímpica mirando el mar hasta que la playa dice basta, me fui, no estoy más. Solo y acompañado, anduve por todas partes sin parar. Un día decidí alejarme un poco de la ciudad: tomé un bondi hasta Castelldefels y me recorrí toda esa playa anchísima, me comí una paella marinera espectacular con los pies en la arena y mirando el mar, que tanto me llena de energía, y me pasé casi dos horas barrenando las pequeñas olas. La puta, que vale la pena estar vivo. Una tarde me topé con una degustación de cavas catalanas: por unos pocos euros te daban cinco copas de vino cargaditas y cuatro tapas de quesos, salames y otras delicatessen, y todo frente al puerto, mirando los veleros amarrados sobre el agua. Me quedé hasta la noche, comiendo, bebiendo y charlando con los bodegueros y otros degustadores, mientras se ponía el sol. En los escenarios de la fiesta de la mercé, me vi dos orquestas de jazz increíbles y un negro funky soul que parecía la reencarnación de James Brown. Hace tiempo que no me divertía tanto y gratis. Es que Barcelona era una fiesta, y yo estaba ahí para olvidarme de todo lo demás. Hasta el último minuto antes de emprender el viaje de vuelta, me quedé colgado viendo los fuegos artificiales finales que iluminaron el Montjuïc como si fuese de día. Al subir al bondi que me devolvió a Madrid, acaparé un asiento de dos que no era el mío, posé los ojos en mi viaje al fin de la noche mientras despedía distintas esquinas de esa Barcelona tan bella e iluminada y sonreí pensando en qué importaba lo que me deparara el futuro, con ese presente. Más tarde me quedé dormido dentro de mi propio sueño.

Tuesday, September 25, 2007

Monday, September 17, 2007

Friday, September 14, 2007

Gracias totales

Gracias amigo funes, en serio, por esa carta tan sentida y por haber colgado las cañitas luego de que endoscopía la borrara tan bruscamente. La verdad que es bueno leer algo así en estos momentos tan sensibles e inesperados, me imagino que te habrás enterado o ya te contaré. En fin, yo estoy acá haciendo muchas cosas y con toda la ilusión, tampoco es que la estoy rompiendo, más bien la estoy remando o, para ser más literal, nadando, porque ando de socorrista para juntar una moneda y poder hacerme algún viajecito. Pero poniéndole pilas, algo que me enseñó funes operator, así como yo le enseñé a tratar de ponerle onda siempre. Ya vendrán esas birringas, probablemente para fines de año, veremos cómo sigue la cosa. Gracias, de verdad.

Y a vos, que parece que volviste a leer, gracias también. Gracias por esos dos años y medio llenos de magia que me regalaste.

Monday, September 10, 2007

Vuelven los bandido mudos


Este martes leen:


CARLOS VADILLO BUENFIL (MÉXICO)


CARMEN GARCÍA ROMEÚ (ESPAÑA)


Invitada especial:

PATRICIA SUÁREZ (ARGENTINA)

Saturday, September 08, 2007

Corte latino agosto: conciertos

EL FRACASO DE TIEMPO LATINO.
El festival Tiempo Latino, anunciado con bombos y platillos para los días 8, 9 y 10 de junio pasados en el Parque Juan Carlos I, acabó siendo un fiasco. Tal vez los altos precios de las entradas contribuyó a que apenas se acercaran unas doscientas personas el día de la apertura y alrededor de trescientas el siguiente. El último día, obvio es decirlo, el concierto resultó suspendido. La estrella principal, Marc Anthony, a poco estuvo de no salir al escenario ante el decepcionante marco que le esperaba (en Barcelona acabó no haciéndolo). Los organizadores del evento habrían perdido aproximadamente unos dos millones de euros.

LOS STONES LLENARON EL VICENTE CALDERÓN.
Sus majestades satánicas desembarcaron finalmente en Madrid el 28 de junio, luego de las suspensiones del año pasado. Un impecable Mick Jagger y un Keith Richards, que luego de caerse de un cocotero y esnifar las cenizas de su padre muerto va acusando el paso de los años (en un momento dado tropezó en el escenario y cerca estuvo de caerse de espaldas) brindaron, junto al guitarrista Ronnie Wood, el baterista Charlie Watts y una banda muy aceitada, un emotivo concierto que incluyó el repaso de todos los clásicos de la agrupación británica. El toque de color: pudo verse flameando entre el público banderas de países latinoamericanos como Uruguay y Argentina.

MANÁ: DE MÉXICO A MADRID.
El grupo mexicano se dio el gusto de desbordar dos días seguidos (28 y 29 de junio) la Plaza de Toros de las Ventas, convocando a aproximadamente treinta mil personas. Con un espectáculo que derrochó luz, sonido, agua y fuego, la popular banda demostró, además, su enorme fuerza musical. La excusa era presentar su último álbum Amar es combatir, pero tampoco faltaron los clásicos Déjame entrar, No ha parado de llover y Corazón espinado que hicieron delirar a sus fans. La nota: la versión de The Wall en protesta por el muro que construyen los Estados Unidos en la frontera con México.

DIEGO TORRES CUBRIÓ SILENCIO CON CARISMA.
El cantautor argentino presentó su último trabajo Andando el 6 de julio en el Conde Duque. Y lo hizo con solvencia, evidenciando un profundo crecimiento artístico y confirmando su gran talento como cantante y compositor. En esta ocasión trajo a Madrid las nuevas canciones del disco producido por él íntegramente, que cuenta con la lujosa colaboración de los músicos Juan Luis Guerra y Joaquín Sabina. La sorpresa de la noche fue que faltando cinco minutos para la medianoche los técnicos cortaron el sonido alegando posibles molestias a los vecinos y lo dejaron en silencio. Pero Diego no se amilanó, consiguió un megáfono y logró terminar a capella su himno: Color esperanza.

Wednesday, September 05, 2007

Cambio de rumbo: lecturas

"Hacía buen tiempo. Caminaba por la calle, manteniéndome lo más cerca posible de la acera. La acera más ancha nunca es lo bastante ancha para mí, cuando me pongo en movimiento, y me horroriza importunar a desconocidos. Un guardia me detuvo y dijo, La calzada es para los vehículos, la acera para los peatones. Parecía una cita del antiguo testamento. Subí pues a la acera, casi excusándome, y allí me mantuve, en un traqueteo indescriptible, por lo menos durante veinte pasos, hasta el momento en que tuve que tirarme al suelo, para no aplastar a un niño. Llevaba unos pequeños arneses, me acuerdo, con campanillas, debía creerse un poney, o un percherón, por qué no. Le hubiera aplastado con gusto, aborrezco a los niños, además le hubiera hecho un favor, pero temía las represalias. Todos son parientes, y eso le impide a uno tener confianza. Se debería disponer, en las calles concurridas, de una serie de pistas reservadas a estos sucios pequeños seres, para sus cochecitos, aros, biberones, patines, patinetes, papás, mamás, tatas, globos, en fin toda su sucia pequeña felicidad. Caí pues y mi caída arrastró la de una señora anciana cubierta de lentejuelas y encajes y que debía pesar unos noventa kilos. Sus alaridos no tardaron en provocar un tumulto. Confiaba en que se había roto el fémur, las señoras viejas se rompen fácilmente el fémur, pero no lo bastante, no lo bastante. Aproveché la confusión para escabullirme, lanzando imprecaciones ininteligibles, como si fuera yo la víctima, y lo era, pero no hubiera podido probarlo. Nunca se lincha a los niños, a los bebés, hagan lo que hagan son inocentes a priori. Yo los lincharía a todos con suma delicia, no digo que me pondría manos a la obra, no, no soy violento, pero animaría a los demás y les pagaría una ronda cuando hubieran acabado. Pero apenas recuperé la zarabanda de mis coces y bandazos me detuvo un segundo guardia, parecidísimo al primero, hasta el punto de que me pregunté si no era el mismo. Me hizo notar que la acera era para todo el mundo, como si fuera evidente que a mí no se me podía incluir en tal categoría. ¿Desea usted, le dije, sin pensar un sólo instante en Heráclito, que descienda al arroyo? Descienda a donde quiera, dijo, pero no ocupe todo el sitio. Apunté a su labio superior, que tenía por lo menos tres centímetros de alto, y soplé encima. Lo hice, creo, con bastante naturalidad, como el que, bajo la presión cruel de los acontecimientos, exhala un profundo suspiro. Pero no se inmutó. Debía estar acostumbrado a autopsias, o exhumaciones. Si es usted incapaz de circular como todo el mundo, dijo, debería quedarse en su casa. Lo mismo pensaba yo. Y que me atribuyera una casa, no tenía por qué molestarme. En ese momento acertó a pasar un cortejo fúnebre, como ocurre a veces. Se produjo un gran tráfago de sombreros al tiempo que un mariposear de miles y miles de dedos. Personalmente si no hubiese tenido más remedio que persignarme me habría empeñado en hacerlo como es debido, nacimiento de la nariz, ombligo, tetilla izquierda, tetilla derecha. Pero ellos, con sus roces precipitados e imprecisos, te hacen una especie de crucificado enfurecido, sin el menor decoro, las rodillas bajo el mentón y las manos de cualquier manera. Los más encarnizados se inmovilizaron y dejaron oír algún balbuceo. El guardia, por su parte, se cuadró, con los ojos cerrados, la mano en el quepis. En las berlinas del cortejo fúnebre entreveía gente departiendo animadamente, debían evocar escenas de la vida del difunto, o de la difunta. Me parece haber oído decir que los arreos del coche fúnebre no son los mismos en los dos casos, pero nunca he conseguido averiguar en qué consiste la diferencia. Los caballos pedorreaban y cagaban como si fueran a la feria. No vi a nadie de rodillas."


(Samuel Beckett, Relatos, Tusquets Editores, Buenos Aires, 2003, fragmento arbitrariamente escogido por superloyds del relato El expulsado, año 1945)

Tuesday, September 04, 2007

Corte latino agosto: películas

Estrenos cine.

SUSPIROS DEL CORAZÓN.
Inocente cinta romántica rodada por el director argentino Enrique Gabriel. Seguramente desde el propio título el objeto es empalagar al espectador sin ningún disimulo. Caso contrario sería imposible justificar tanto exceso de fantasía utópica, idealización amorosa y cursilería. De todas maneras, aún si aceptáramos como recurso válido el juguetear con lo naif, lo absurdo y con sentimientos y emociones olvidadas en el mundo moderno, la propia estructura argumental acaba resultando kitsch. Las interpretaciones de los jóvenes actores Roger Coma y María Dupláa no logran brindarle a la historia la solidez suficiente para salir airosa en la explícita apuesta del director. Sí resulta creíble un brillante Alejandro Awada y los inmigrantes revolucionarios Osvaldo Bonet y Gianni Fiori, que protagonizan la escena más lograda de la película cantándose mutuamente consignas políticas de sus países de origen.

BARRIO CUBA.
Es una película muy bien filmada y con pocos recursos, hay que decirlo. La fotografía es impecable, aunque La Habana y sus paisajes colaboren mucho en este sentido. También la música es muy acertada. Barrio Cuba retrata con dureza la actualidad de la vida en la isla, a través de distintos personajes cotidianos que la pasan realmente mal (una mujer muere en el parto y su marido abandona al bebé, una pareja no puede tener hijos, otra decide emigrar y dejar a sus ancianos padres solos, un hijo homosexual no es aceptado por su padre y su hermana decide prostituirse). Tal vez a raíz de tanto sufrimiento y de tanto llanto a moco tendido la historia pierda un poco de credibilidad, aunque este exceso de lágrimas no logre hacer naufragar la película, principalmente por la magistral interpretación de grandes actores como Luisa María Jiménez y Jorge Perugorría.

En DVD.

EN EL HOYO.
Este documental, obra de Juan Carlos Rulfo, hijo del genial autor de Pédro Páramo, recorre la construcción de una autovía en México D.F. entre los años 2003 y 2006. Sus personajes son los obreros que, salvo en el caso de José “el grande”, no logran dejar de sentirse intimidados en ningún momento (hasta el más suelto busca complicidad detrás de cámara) ni entretener al espectador, lo que tal vez se deba a un guión carente de hilo narrativo, que se pierde en nimiedades (se muestra un cumpleaños, una familia, una casa y hasta el corte de pelo de un obrero) y, quizá consciente de ello, luego quiere sorprender (sin éxito) con la aparición de una guardiana que alude a obreros muertos, almas en pena, poderes sobrenaturales y conversaciones con Dios. Es de destacar, sí, la arriesgada banda de sonido, casi toda instrumental, que experimenta, que juega con los propios ruidos de la obra, y los efectos visuales, la manera en que la cámara flirtea con la velocidad y la luz. Genial el recorrido aéreo final de la obra terminada, musicalizada con un remix que incluye frases de los obreros.

Friday, August 31, 2007

Cambio de rumbo: lecturas

"Ese amigo se llama o hace llamar Ruibérriz de Torres y tiene un aspecto indecoroso. Es escritor aplicado y con buen oído, de convencional talento y más bien mala suerte (literaria), ya que otros menos aplicados, con atroz oído y sin talento de ninguna clase son tenidos por figuras y ensalzados y premiados (literariamente). Publicó tres o cuatro novelas siendo bastantes joven; tuvo un poco de éxito con la primera o segunda, ese éxito no cuajó sino que disminuyó, y aunque no es muy mayor su nombre sólo suena a la gente mayor, es decir, como autor está olvidado excepto por los que llevan ya tiempo en la profesión y además no se enteran muy bien de los vuelcos y sustituciones, gente enquistada y poco atenta, funcionarios de la literatura, críticos vetustos, profesores rencorosos, académicos sesteantes y sensibles al halago y editores que ven en la perpetua queja de la insensibilidad lectora contemporánea la justificación perfecta para holgazanear y no hacer nada, y eso en todas las sucesivas contemporaneidades. Ahora hace años que Ruibérriz no publica, no sé si porque ya abandonó o porque espera a ser olvidado del todo para poder empezar de nuevo (no suele hablarme de sus proyectos, no es confidencial ni fantasioso). Sé que tiene vagos y variados negocios, sé que es noctámbulo, vive un poco de sus mujeres, es muy simpático, frena su causticidad ante quien debe hacerlo, es adulador con quien le conviene, conoce a muchísima gente de diferentes esferas, y la mayoría de los que lo conocen a él ignoran que sea o haya sido escritor, él no alardea, tampoco es dado a rescatar lo perdido. Su aspecto es indecoroso en algunos ambientes, no en todos: no queda mal en los bares de copas, en los cafés nocturnos si no son muy modernos, en las verbenas; se lo ve aceptable en fiestas privadas (mejor en jardines junto a piscinas, las veraniegas) y da muy bien en los toros (para San Isidro suele tener abono); con gente de cine, televisión y teatro resulta pasable aunque un poco anticuado, entre periodistas montaraces y zafios de las viejas escuelas franquista y antifranquista (éstos más montaraces, aquéllos más zafios) se lo ve plausible, aunque no como uno de ellos, ya que es atildado y aun presumido físicamente. Pero entre sus verdaderos colegas los escritores parece un intruso y éstos como a tal lo tratan, es demasiado bromista y risueño en persona, siempre habla mucho y con ellos no rehúye las inconveniencias. Y en actos oficiales o en un ministerio su presencia causa directamente alarma, lo cual le supone un no pequeño problema, habida cuenta de que parte de sus ingresos provienen precisamente del mundo oficial y de los ministerios. Su estilo escrito es tan solemne como desenfadada su habla, sin duda uno de esos casos en los que la literatura se vive tan reverencialmente que, enfrentado su practicante con un folio en blanco y por mucho que su carácter sea el de un sinvergüenza, no sabrá transmitir ni un solo rasgo de ese carácter irreverente y desaprensivo al papel venerado, sobre el que jamás verterá una broma, una mala palabra, una incorrección deliberada, una impertinencia ni una audacia. Jamás se permitirá plasmar su personalidad verdadera, considerándola tal vez indigna de ser registrada y temeroso de que mancille tan elevado ejercicio, en el que, por así decir, el sinvergüenza se salva. Ruibérriz de Torres, para quien no debe de haber nada muy respetable, ve la escritura como algo sagrado (de ahí en parte, probablemente, su falta de éxito). Unido a una buena formación humanística, su campanudo estilo es por tanto perfecto para los discursos que nadie escucha cuando se pronuncian ni nadie lee cuando al día siguiente los reproduce en resumen la prensa, es decir, los discursos e intervenciones públicas (incluidas conferencias) de los ministros, directores generales, banqueros, prelados, presidentes de fundaciones, presidentes de gremios, acádemicos sonados o perezosos y demás prohombres preocupados por sus facultades e imagen intelectivas en las que nadie se fija nunca o que todo el mundo da por inexistentes. Ruibérriz recibe muchos encargos y aunque no publica escribe continuamente, o mejor dicho escribía, ya que en los últimos tiempos, gracias a algún golpe de suerte concreto en algún vago negocio y a su trato asiduo con una adinerada mujer que en verdad lo idolatra y consiente, ha optado por gandulear y se ha permitido rechazar la mayoría de las encomiendas, o más exactamente las ha aceptado y me las ha pasado junto con el setenta y cinco por ciento de los beneficios para que fuera yo quien cumpliera con ellas en la sombra y en secreto (no sumo secreto), mi formación no es inferior a la suya. Así, él es lo que se llama un negro en el lenguaje literario -en otras lenguas un escritor fantasma-, y yo he oficiado por tanto de negro del negro, o fantasma del fantasma si pensamos en las otras lenguas, doble fantasma y doble negro, doble nadie."


(Javier Marías, Mañana en la batalla piensa en mí, año 1994, Punto de lectura, Madrid, 2000, fragmento arbitrariamente escogido por superloyds a partir de página 121)

Wednesday, August 29, 2007

Corte latino agosto: libros

Tus ojos serán silencio (Premio Cáceres de novela corta 2006). Carlos Vadillo Buenfil.
Narrada en primera persona, Tus ojos serán silencio aborda una suerte de género epistolar unilateral. El protagonista efectúa, a través de las numerosas cartas que se van sucediendo a una bailarina exótica de nombre Bengala, un repaso atormentado del amor perdido e imposible e, inclusive, de su propia vida. Se trata de una novela plagada de nostalgia, escrita en forma muy poética, que amerita una lectura concienzuda y minuciosa. Imposible no conmoverse con toda esa ausencia y esos recuerdos en los que se va internando el lector a medida que va progresando la historia. Carlos Vadillo Buenfil nació en Campeche, México y reside actualmente en Madrid. Ha ganado, además del Premio Cáceres con esta obra, el XV Premio Internacional de Cuento “Max Aub” en el año 2001 y el II Premio Sur de novela corta en el 2004. Tus ojos serán silencio confirma a este joven autor, sin lugar a dudas, como uno de los grandes exponentes de la narrativa mexicana actual.

Algún demonio (Editorial Salto de Página). Alejandro Hernández.
El escritor y guionista cubano Alejandro Hernández, que reside en Madrid desde el año 2000, se destaca en esta novela como un verdadero tiempista. Su forma de abordar las secuencias de la historia, con una primera parte narrada de adelante hacia atrás, una segunda más cronológica y un epílogo rematado en primera persona, dan cuenta de un manejo de los tiempos y el lenguaje verdaderamente impecable. El hilo narrativo se va tejiendo a partir de la acuciante realidad de un grupo de vecinos de un edificio en un barrio de La Habana, ciudad natal del autor, que bien se encarga de hacerlo notar a través de las íntimas postales que va insertando en la cabeza del lector. Gente que va y viene, que padece las limitaciones de una sociedad que parece haberse quedado suspendida en el tiempo, que quiere escapar o bien del propio país o de una situación desesperada (el retrato efectuado de un grupo de alcohólicos anónimos resulta brillante) va a encontrar cruzados sus destinos con la sincronía exacta de un reloj.
www.saltodepagina.com

En algún cielo (Premio Ciudad de Alcalá de narrativa 2006). Marcelo Luján.
Seis relatos componen este libro del narrador argentino Marcelo Luján, radicado en Madrid desde el año 2001, ganador del Premio Santa Cruz de Tenerife en el año 2003 y del XLIX Premio Kutxa Ciudad de San Sebastián y finalista del Premio Clarín de novela en su país de origen. Es gratificante la uniformidad en el lenguaje utilizado en estos cuentos, de enorme riqueza por cierto, pese a lo plurivalente de la temática escogida por el autor. El texto inicial, que da nombre a la obra, está plagado de nostalgia familiar. Insistencias es probablemente el relato más poético y surrealista y La noche inminente se erige como un cuento más audiovisual, mas trainspotting, pero es tal vez The queenless el punto más alto del conjunto, posicionando al joven autor (que contaba con sólo 9 años al momento de la guerra de Malvinas, el eje argumental) como un notable inventor de historias. Le sigue Cuidados intensivos, una historia negra y truculenta abordada en forma impecable, para cerrar el libro con el mayor despliegue, en una extensión casi de novela corta, con Los aprendices, una especie de auto entrevista meta literaria que refleja la terrible influencia de la magia negra en la vida cotidiana del personaje.
www.fundacioncolegiodelrey.org
www.marcelolujan.com

Monday, August 27, 2007

Cambio de rumbo: lecturas

"Sólo hay un espectáculo más penoso que el del amor contrariado: el del deseo no correspondido. Porque en el amor nadan tanto el que ama como el que no, pero el que no desea -el que no desea está fuera del deseo, y no hay nada que pueda restituirlo al mundo del que se ha excluido. El no del que no desea es absoluto, no tiene retorno y convierte al que desea en alguien radicalmente ajeno, no diferente sino heterogéneo: no alguien que está en otro 'estado', del que finalmente, pasado cierto tiempo, cambiadas ciertas circunstancias, podría 'salir' o 'pasar' a otro, sino alguien que pertenece a otro reino. Un perro alzado, digamos, patrulla una plaza. Detecta a un perro como él, incluso de su misma raza, y antes de saber si es macho o hembra, si el diminuto sexo que tiene entre las piernas encontrará un hueco donde desahogarse, se abalanza sobre él, lo sorprende por detrás, se encarama sobre sus ancas y arremete contra su ciego, frenético vaivén. Pero he aquí que el otro no quiere. No quiere y punto. Su no querer es todo: es tan puro, tan de una pieza como el querer del otro. Se queda quieto, la lengua colgándole entre los dientes, mirando algún punto a lo lejos, hasta que le llama la atención otra cosa y mueve un poco la cabeza y sigue mirando, mientras el otro, el alzado, multiplica sus asedios y se afana inútilmente. ¿Quién no sufrió alguna vez con esa estampa patética? Porque ¿hay dos perros? ¿O hay más bien uno, el alzado, que desea, y luego su presa imposible, que no desea y que por no desear ya no es perro sino otra cosa: algo inerte, un pedazo de piedra, una planta, un tronco con forma de perro? Así, entre el que desea y el que no, el que hace el ridículo siempre es el primero, porque abalanzándose sobre la criatura que no le corresponde no comete un error de apreciación, ni de cálculo, ni de oportunidad, se equivoca de especie."


(Alan Pauls, El pasado, Editorial Anagrama, Barcelona, año 2003, fragmento tomado de la tercera parte, capítulo 3)

Wednesday, August 15, 2007

Lecturas madrileñas: poetas argentinos en Amargord

Izq a der: Francisco Garamona, Luis del Mármol, Rodrigo Galarza, Loyds.