Wednesday, October 10, 2007

Frasueltas: Robert Smith x mi mamá postiza (la espía)


Viendo un concierto de The Cure en DVD, en casa de mis vecinos:


"El cantante es igual a la empleada pública de Gasalla"


Monday, October 08, 2007

Mañana: Más Bandidos Mudos


INVITADO ESPECIAL: Juan Guinot (Argentina)

Saturday, October 06, 2007

Bandidos Mudos de EFE a todos los medios

En la última edición de Los Bandidos Mudos nos hicieron una nota para la Agencia EFE, que luego fue reproducida por distintos periódicos como ADN o Sí se puede. También fue recogida por la cadena latina de TV y noticias en Estados Unidos "Univisión" y en portales tan relevantes como Aol, Yahoo, Terra y Msn. La transcribo a continuación y al final, los distintos enlaces.

LA JOVEN LITERATURA IBEROAMERICANA COBRA VIDA EN LA NOCHE MADRILEÑA (EFE)

"El bandido doblemente armado" no es sólo el nombre de una novela, es también una librería madrileña, punto de encuentro para los escritores iberoamericanos que dos o tres martes al mes tienen la oportunidad de leer su obra en este rincón de Madrid.

Elvira Palomo / 4 de octubre de 2007.

Son jóvenes, pero no noveles. De hecho, sus premios los avalan. Cubanos, argentinos, peruanos... autores españoles y latinoamericanos que se han afincado en los últimos años en Madrid y han convertido "El bandido doblemente armado" en su lugar de encuentro.

Bajo este nombre, la obra de la escritora española Soledad Puértolas, y tras ella, su hijo, Diego Pita, dueño de la librería y organizador de estas veladas junto con el escritor argentino Loyds.

Uno aporta la librería y los escritores españoles, el otro a los latinos. La mezcla es perfecta.

Editores, escritores y poetas se reúnen en torno a esta librería-bar, un acogedor local en el que todo el mundo es bien recibido. Entre libros o disfrutando de una copa, se puede escuchar de viva voz los relatos de la nueva generación de escritores iberoamericanos que viene con fuerza.

La idea de este encuentro, dijo Pita a Efe, "es un cuentacuentos al que queremos quitarle el cariz académico que puede tener una presentación de libros, aquí no hay turno de preguntas y las personas que están interesadas en conocer al autor al final de la velada hablan con él tranquilamente".

"Hay un coloquio natural, se crea una camaradería con total naturalidad y sin ningún tipo de esnobismo" y eso se ve nada más entrar, los escritores se saludan y conversan con propios y extraños con naturalidad.

Para el poeta peruano Leo Zelada -autor de obras como "Diario de un CiberPunk" y "American death of life" y Premio "Orpheu" de poesía en 2002- "este es un bonito proyecto de integración literaria".

"Ya que los países y las organizaciones están apostando por la integración, las iniciativas individuales como la de esta librería son muy importantes para la integración y el mutuo aprendizaje".

Zelada ya ha participado en otras ocasiones y acude en busca de un bonito relato como el que esta noche le toca leer a la joven española Pilar Adón.

Poeta, narradora y ensayista, Adón, debuta con la lectura del cuento "Plantas de interior" del libro "Viajes inocentes", con el que ganó el Premio Ojo Crítico de Narrativa en 2005.

"A mí me gusta que me lean relatos, poesía, cuentos... es el famoso tema de la tradición oral y creo que de ahí viene el hecho de que escribamos, me gusta estar del otro lado hoy", explicó a Efe.

Para la escritora, el cuento es un género "muy seductor", "es como esas relaciones cortas y apasionadas que no tienen tiempo de entrar en esa fase del cariño, que es lo que dicen que viene después de la pasión. En el relato todo es pasión, es ese primer momento del flechazo, del encanto, porque no hay tiempo".

Según Adón, "¡en este mundo necesitamos inspiración, que nos cuenten cuentos!". Algo en lo que "los latinos nos llevan años de ventaja".

Junto a ella, el argentino Marcelo Luján -premio de cuento Ciudad de San Sebastián 2007- recuerda que en Latinoamérica "tenemos a los grandes maestros, Rulfo, Cortázar, Borges... allí el cuento se siente más y es lo que queremos traer aquí, con respeto y tratando de hacer una historia conjunta".

Estos encuentros distendidos permiten al lector acercarse al escritor, algo que estos últimos agradecen.

"Siempre es un gusto compartir la literatura, además, si escribir es un acto generoso, pues es dar a conocer a los demás lo que uno piensa, leer es un doble acto de compartir", dice el mexicano Carlos Vadillo, Premio Internacional de Cuento Max Aub 2001, quien añade que en estas veladas surge "un diálogo transcontinental que no hay que dejar que se trunque".

De un lado al otro del Atlántico, "la lectura superpuesta nos permite ver en lo que andamos. Es algo muy saludable y muy grato".

Diego Pita, "el bandido", asegura que "la literatura es una expresión de insatisfacción pero un deseo de comunicación", por eso su librería se presenta como un puente que une tendencias, culturas e incluso a autor y lector, en un ambiente en el que el tiempo se detiene y por una vez, se escucha.

Fuente: EFE

Enlaces:

http://www.adn.es/cultura/20071002/NWS-2127-iberoamericana-literatura-madrilena-noche-cobra.html

http://www.sisepuede.es/content/view/1218/3/

http://www.univision.com/contentroot/wirefeeds/21aus/7278733.html

http://actualidad.terra.es/cultura/articulo/joven_literatura_iberoamericana_cobra_vida_1896623.htm

http://es.noticias.yahoo.com/efe/20071002/ten-la-joven-literatura-iberoamericana-c-938c437_1.html

http://latino.msn.com/noticias/articles/ArticlePage.aspx?cp-documentid=5518508

http://noticias.aol.com/articulos/canvas/_a/la-joven-literatura-iberoamericana-cobra/n20071002135309990046

Friday, October 05, 2007

Corte latino: entrevista a Santiago Roncagliolo

SANTIAGO RONCAGLIOLO: “Los artistas latinoamericanos que venimos aquí debemos estar preparados a que no nos hagan caso”

El escritor peruano pasó de ser un inmigrante sin papeles que no podía siquiera cobrar sus esporádicos trabajos de traducción y adaptación, a convertirse el año pasado en el ganador más joven del premio Alfaguara de novela, con Abril Rojo, y a colaborar asiduamente con el diario El País. Autor también de las novelas El príncipe de los caimanes y Pudor (recientemente llevada al cine por el actor y director español Tristán Ulloa) y el libro de cuentos Crecer es un oficio triste, Santiago no olvida sus duros primeros años en Madrid, aunque actualmente resida en Barcelona, y con gran humildad y simpatía nos atendió en su regreso a esta ciudad con motivo de la feria del libro.

Cuéntanos un poco de tu origen.
Pues, yo nací en Lima en el 75 pero siendo muy chiquito mi familia fue a México D.F., por razones políticas de mi padre nos exiliaron.

Como Bolaño, digamos.
Quizás coincidimos en algún año, supongo, me gustaría, no podría decir más. Pero volvimos a Perú a mediados de los ochenta, crecí ahí y luego me vine a España en el año 2000. Viví en Madrid cinco años, ahora vivo en Barcelona.

A Madrid viniste por determinación propia, es decir, quisiste venir para acá.
Sí, por idiota (se ríe). Ahora, estoy muy contento ¿no? y supongo que tengo más de lo que yo creía que se podía tener, pero uno viene con una ilusión bastante vaga basada, si eres peruano, en Bryce, en Vargas Llosa, en todos los autores que triunfaron en Europa, porque nadie te habla nunca de los que fracasaron, que son muchos más, pero esto ya no trasciende. Creo que uno viene, o que yo al menos llegué con una visión muy ingenua de las cosas, pensando que iba a tirar mi novela en el escritorio de algún editor y me iban a publicar.

Como en Roma, la película, no sé si la viste, la de...
La de Aristaráin, ¿verdad? Sí, sí.

El protagonista es argentino, pero viene y le compran la novela enseguida, parece como un sueño.
Sí, bueno, yo descubrí que el mundo no es así. Yo me pasé aquí en Madrid unos cinco años... Ahora me gusta venir a Madrid, porque me da cierta nostalgia de una época en que éramos todos unos muertos de hambre, sin papeles, buscándonos la vida en cosas artísticas. Mucha gente vino y sigue viniendo a ser escritora o cineasta, o pintora o actores. Y así llegué a España, pero los primeros años, primero tenía que existir antes de empezar a publicar. Creo que venir aquí me sirvió, al menos en los primeros años, en un sentido mucho más vivencial que profesional, luego eso se traduce en tu carrera como escritor, porque te alimentas de eso, de lo que vives y de lo que ocurre. Cambias de país, cambias de situación legal, cambias de clase social, cambias de todo y eso te enseña a adaptarte y a ponerte en zapatos diferentes, en zapatos de gente diferente que tú y... pues eso es lo que necesita aprender un escritor, creo que eso fue muy útil.

¿Cuando llegaste, el objetivo concreto era publicar?
Sí, sí, estudié un año porque era la manera de tener un visado largo y porque así si todo salía mal, pues por lo menos habría estudiado (se ríe), no era que me había estado rascando la panza un año en Madrid.

¿De qué era?
De guión, guión de cine. Y ese primer año no hice más que fracasar, todo salió mal. Recuerdo que los primeros años en Madrid siempre me levantaba convencido de que me iba a largar de aquí, y nunca me iba (se ríe). Me encantaba Madrid y aún me encanta, me gusta volver a Madrid.

Llegaste en el 2000 y todo ese primer año fue ese que te levantabas y decías...
No, el primer año todavía estás con la sorpresa inicial y todo te gusta, o al menos a mí.

¿Terminó tu visado y te quedaste?
Sí, me fui quedando haciendo malabares legales. El segundo año fue ya más difícil, el tercer año fue el infierno (se ríe).

Leí por ahí que hiciste un poco de todo...
Claro, claro, para los papeles necesitas un contrato de empleado doméstico. ¿Qué les vas a decir a las autoridades migratorias, que eres escritor? Ni siquiera hay casillero, ni siquiera te puedes dar de alta legalmente. Hice un poco de todo, aunque siempre estuve muy cerca del oficio de escribir: hice traducciones para alguna editorial de novelas gays, una señora me contrató para escribir sus memorias, hice adaptaciones de telenovelas de televisa para una productora, pero me pasé un año sin cobrar eso porque no tenía papeles y no podía cobrarlo legalmente. Descubrí que tú sí podías trabajar en España, lo que no podías era cobrar (se ríe).

Y la publicación, ¿cuándo aparece? ¿El primer libro que publicaste en España es El príncipe de los caimanes?
Sí, en esa época llevaba ya un poco más de un año fracasando por todos lados y un amigo me dijo que una editorial quería sacar una colección de novelas de viajes sobre ríos, pero pagaban muy poco así que nadie muy importante quería firmar el contrato, o si alguien quería ofrecía ríos como el Tajo o el Duero, ríos que están aquí al lado, así que yo pensé que esa era mi oportunidad de publicar y propuse el Amazonas.

¿La novela ya la tenías?
No, no tenía nada. Se me ocurrió que tenía que ir al Amazonas, pero no tenía dinero para ir al Amazonas y tampoco tenía papeles para regresar a España, así que me inventé el Amazonas, me leí el Amazonas, entre bibliotecas, gente que me prestó, libros que compré. Fingí que había ido al Amazonas.

¿Nunca estuviste allí?
No, nunca estuve allí (se ríe).

La verdad es que es sorprendente, parece que hubieras hecho un viaje tremendo por allí.
No, es todo lo que encontré en los libros. Lo peor es que gente que ha estado en el Amazonas y que yo conocía después, me decía: He leído tu libro, está muy bien la descripción del Amazonas (se ríe) y yo me sentía horriblemente culpable, y me preguntaban: ¿Has estado en la cueva de las lechuzas? Y yo decía, bueno, sí, sí (se ríe).

Ya que entramos al Príncipe, esa idea de hacer una especie de flashes de antepasados y luego volver a la actualidad, cuando arranca la novela parece que se van a describir todas las generaciones porque se menciona primero al bisabuelo, luego al abuelo, luego al padre, entonces da una idea como de Cien años de soledad, como que se va a escribir toda la historia de la familia, y después te quedas con el inicio y con estos dos niños...
De alguna manera creo que el niño, el bisnieto de este cauchero, rompe el maleficio, por decirlo así, de esta familia que nunca pudo salir, de este hombre que llegó y se quedó encerrado ahí y sus descendientes se fueron quedando. Este chico va y hace la ruta inversa, trata de huir de ahí, es un poco, creo, la figura y el contraste, porque es también la entrada y la despedida del siglo XX. Nunca se cruzan las historias aunque creo que de alguna manera conforman una especie de círculo.

Estos dos chicos da la impresión que por momentos fueran personajes de Mark Twain, por ejemplo.
Creo que tienen mucho de las viejas novelas. Bueno, de lo que empezó con Mark Twain o Dickens y terminó con el road movie (se ríe), la historia de viajes y de descubrimiento. Y era importante que fuesen chicos para que tuviesen la misma fuerza que tuvo ese bisabuelo, tuviesen la misma fuerza para salir y explorar y también para que tuviesen una mirada muy inocente sobre todo lo que iban recorriendo.

Hablemos de Pudor.
Pudor salió ya con Alfaguara. Funcionó muy bien, yo creó que cayó en muy buen momento en la editorial porque estaban tratando de renovar un poco el catálogo. Y era una editorial con mucha presencia en América Latina y eso a mí también me interesaba. Muchas veces, realmente, que las editoriales te digan que sí o que no, no depende de que seas bueno o malo sino de qué necesitan en ese momento, cuál es su línea editorial, qué eres y qué es lo que significas tú en ese momento para ellos.

Pudor yo la encuentro totalmente distinta a lo que es El Príncipe, totalmente distinta a lo que es Abril también. Es como una novela que ya desde el vamos comienza retratando lo que es un grupo familiar, algo más cotidiano. Los otros son un libro de viajes con historia, con geografía, después tenemos un thriller que aborda un montón de cuestiones políticas y acá estamos hablando de una familia constituida, del día a día. ¿Cómo aparece eso?
Algunas personas me han hecho notar que tengo una especie de trilogía latinoamericana. Es decir, la violencia política presente en Abril Rojo, la miseria un poco y esa ley de la selva que es el tema de El príncipe de los caimanes y la soledad de las ciudades que es el tema de Pudor. Se reúnen tres paisajes latinoamericanos frecuentes, son intercambiables, podría haber ocurrido exactamente igual en muchos lugares de América Latina y no necesariamente de Europa, por ejemplo, o de África. Pero es una trilogía involuntaria, esto nunca se me ocurrió sino que en cada momento me interesaba ver con qué contaba, de qué quería hablar, qué estaba leyendo, hay una combinación de cosas un poco inasibles de elementos para decidirte a escribir una novela. Creo que hubo una idea de Pudor desde que vi La tormenta de hielo, de Ang Lee, que es una película muy intimista, sobre los deseos de una familia, basada en una novela de Rick Moody.

De la forma en que se abordan los personajes adultos, es como que hay un montón de vivencias que parecen de una persona que ya ha vivido mucho más tiempo.
Es posible. Creo que precisamente el haber vivido en distintos sitios y haber hecho distintos trabajos y el hecho de que mi oficio sea observar y escribir, me ha convertido en una persona muy adaptable. Pienso muchas veces en que puedo hablar y he hablado con, yo que sé, un senderista peruano, un director de cine español, un editor alemán, un policía brasileño y tiendo a mimetizarme. Si hablo con una señora me convierto en una señora y si hablo con un niño me convierto en un niño y eso es excelente para la literatura. Es pésimo para tu vida personal (se ríe), porque llega un punto en que ya no sabes muy bien qué eres y cómo deberías ser.

Leí por ahí que Tristán Ulloa (el director de la versión cinematográfica de Pudor) dijo que leyó la novela, se la comentó al hermano y enseguida te llamaron ambos encantados con la historia. ¿Te pilló por sorpresa, lo conocías?
Yo sabía quién era Tristán, conocía su trabajo como actor y me gustaba. Y cuando nos reunimos teníamos referentes muy similares acerca de cómo visualizábamos la película, acerca del tratamiento con la intimidad, acerca del tipo de película que nos suscitaba. Y mismo los actores que los dos veíamos en los papeles eran los mismos. Había otras propuestas, pero la de Tristán era la que más me interesaba creativamente. Me gusta la película, es distinta que la novela, tiene menos humor y me gusta también que él lea esa parte tan dramática.

Tú lees mucho en inglés, ¿consideras que tus influencias son más anglosajonas que latinoamericanas?
Sí, absolutamente, porque me interesa un lenguaje más económico, que la prosa sea muy directa, muy visual, muy transparente, que la historia sea menos pretenciosa, que eso es lo que le pesa a la tradición latinoamericana, menos experimental formalmente, y que más bien la prosa no se note, que el lector entre, penetre en el libro y se olvide que alguien se lo está contando. Esas cosas que asocio más con la producción anglosajona que con la latinoamericana, quizás porque la literatura siempre fue más democrática en el mundo anglosajón. En América Latina se tiene una visión más elitista, el libro es como un signo de distinción, es algo que demuestra que eres inteligente (se ríe).

De todas formas yo he notado en algunos momentos de tu escritura que el humor de Bryce, por ejemplo, está presente.
Sí, bueno, es muy posible. Yo es una cosa que no sé, me pasa más con Abril Rojo, la gente encuentra ecos de Pantaleón y las visitadoras o Lituma en los Andes, libros de Vargas Llosa, y yo me paso la vida diciendo: pero es un thriller, es El silencio de los inocentes. Sin embargo, cuando lo pienso, sí, hay el eco de Pantaleón y de Lituma, y me pregunto si eso está en la cabeza del lector, que como soy peruano me sitúa en la órbita de Bryce y de Vargas Llosa, o en mi ADN y es que está incorporado y sale cuando quiere.

¿Pero los has leído?
Sí, soy un gran fanático de ellos, por supuesto. Pero, personalmente, si tuve alguna actitud respecto a la tradición literaria peruana es no hacer nada parecido. Es decir, la única manera de tener una vida propia es desmarcarte de esta tradición. Los admiras, por supuesto, los ves y los has leído toda tu vida. Además han sido muy generosos conmigo cuando nos hemos encontrado personalmente y si Bryce y Vargas Llosa son muy generosos contigo... a mí se me caen los calzoncillos (se ríe).

¿Cuándo llegaste a Madrid buscaste un lenguaje más neutro?
Más que buscarlo fue surgiendo. Porque aquí vives entre latinoamericanos, entre españoles, los primeros años con extranjeros de todos lados, porque somos los que no tenemos raíces y entonces nos juntamos entre nosotros. Y sí, mi español se ha ido neutralizando, incluso creo que por una cosa adaptativa. Cuando voy a Perú los peruanos creen que hablo como español y ningún español cree que hable como ellos (se ríe).

Hablemos de Abril Rojo. Gana el premio Alfaguara, te conviertes en el ganador más joven en ganar el premio. En Abril rojo abordas un tema muy urticante en tu país, como es Sendero Luminoso. Sin embargo, al principio de la novela pones una serie de citas, entre ellas una del propio Abimael Guzmán (fundador y líder de Sendero Luminoso) y, después, al final, también pones una nota aclaratoria. ¿Te produjo cierto temor abordar esta temática?
No, al contrario, yo quería que fuese una bomba de tiempo. Yo quería que fuese una novela que produjese mucha polémica y temblores. Lamentablemente a todo el mundo le gustó nomás (se ríe). La revista de los militares dijo que bueno, que era una novela que delataba mis prejuicios anticastrenses, pero que estaba bonita, que era una buena novela (se ríe). Los senderistas opinaron que yo era demasiado neutral: hay que tomar posición en este asunto; pero que bueno, decían que era una novela respetuosa y amable con ellos (se ríe). También creo que es una novela que no dice quién es el bueno y quién es el malo y eso la hace más digerible, porque creo que también ha salido en un momento en que la sociedad peruana empieza a tomar cierta conciencia de que todos fuimos responsables. Quizá yo era un niño pero todo mi entorno y todos los que estábamos en esa sociedad tenemos parte de responsabilidad en lo que ocurrió y en ese sentido creo que la sociedad peruana encuentra en esta novela algo que tiene que ver con el momento que está viviendo.

Te has consolidado en España, prácticamente toda tu historia editorial transcurrió aquí, ¿cómo ves, por ejemplo, la inmigración latinoamericana en Madrid y en España, qué le dirías desde tu experiencia a esa gente que sigue viniendo?
A la gente de América Latina que viene a hacer cosas creativas sobre todo, literarias y esas cosas. Supongo que les diría que estén preparados a que no les hagan caso, les devuelvan los manuscritos, no los lean, los rechacen, se rían de ellos. Y que si sobreviven a eso, no tienen más remedio que ser escritores o lo que sea. Y supongo que si no sobrevives, quizá nunca lo fuiste. Esta es una carrera en la que yo creo que no sobreviven los mejores si no los más tercos. Yo veo a la gente que se va agotando alrededor y se va cayendo y ya no da más y tú sigues y sigues. Y yo tengo mucha suerte en realidad pero no sé qué habría pasado si... supongo que venir a España también era el último cartucho, es decir, es ahora o nunca, o vuelvo a Perú y soy cajero de banco. No siempre controlas todo lo que está ocurriendo y lo que puede ocurrir con tu trabajo y al final se trata simplemente de cuánto estás dispuesto a aguantar para seguir llevándolo.

Entonces que aguanten, paciencia y trabajo.
Sí, qué remedio (se ríe). Me gustaría dar un consejo más animoso pero también creo que ese es un consejo animoso. Creo que es un consejo que uno puede dar con la experiencia, no puedes decirle a la gente cómo debería escribir pero sí sabes qué tipo de dificultades tiene uno cuando arranca.

Thursday, October 04, 2007

socorrista

el pibito absorto en sus pensamientos
mete un pie después el otro
ese hijo que nunca voy a tener
que nunca vamos a tener
se tira a la pileta tirita y sale
chorreando agua por la
escalerita

me mira con curiosidad sonríe
parece que va a preguntarme algo
pero su mamá que no sos vos
lo llama desde lejos:
ven aquí niño, deja tranquilo al socorrista

Wednesday, October 03, 2007

Madriloyds: troquelado en el buk


Gracias Noe por inmortalizar esa caripela !

Tuesday, October 02, 2007

Cambio de rumbo: lecturas

"Yo había visto demasiadas cosas poco claras como para estar contento. Sabía demasiado y no suficiente. Hay que salir, me dije, volver a salir. Tal vez lo encuentres, a Robinson. Era una idea idiota, evidentemente, pero recurría a ella para tener un pretexto a fin de salir otra vez, tanto más cuanto que en vano daba vueltas y más vueltas sobre aquella piltra tan pequeña, no lograba pegar ojo ni un instante. Ni siquiera masturbándote, en casos así, experimentas consuelo ni distracción. Conque te entra una desesperación que para qué.
Lo peor es que te preguntas de dónde vas a sacar bastantes fuerzas la mañana siguiente para seguir haciendo lo que has hecho la víspera y desde hace ya tanto tiempo, de dónde vas a sacar fuerzas para ese trajinar absurdo, para esos mil proyectos que nunca salen bien, esos intentos por salir de la necesidad agobiante, intentos siempre abortados, y todo ello para acabar convenciéndote una vez más de que el destino es invencible, de que hay que volver a caer al pie de la muralla, todas las noches, con la angustia del día siguiente, cada vez más precario, más sórdido.
Es la edad también que se acerca tal vez, traidora, y nos amenaza con lo peor. Ya no nos queda demasiada música dentro para hacer bailar a la vida: ahí está. Toda la juventud ha ido a morir al fin del mundo en el silencio de la verdad. ¿Y adónde ir, fuera, decidme, cuando no llevas contigo la suma suficiente de delirio? La verdad es una agonía ya interminable. La verdad de este mundo es la muerte. Hay que escoger: morir o mentir. Yo nunca me he podido matar."


(Louis-Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche, traducción de Carlos Manzano, Edhasa, Barcelona, año 1994)

Friday, September 28, 2007

Barcelona era una fiesta

No pude haber elegido mejor momento para ir a Barcelona. Un poco descocado pero satisfecho, me subí al bondi en Avenida de América y dormí las siete horas y media que duró el viaje. Asiento de dos hasta Zaragoza, donde una vieja invasiva se sentó encima de mis piernas dormidas sin siquiera avisar. Desperté a la entrada de Barcelona y ya noté una ciudad mucho más bella que la última vez. Hace unos cinco años con pequeño oko encontramos un lugar mucho más yonqui, con gente medio ida gritando, pidiendo plata y tirada por las calles. La Plaza Real, por ejemplo, era más bien un reino de camellos y adictos (ahora es una maravilla) y perderte en el barrio gótico podía no ser muy aconsejable. Pero actualmente es un placer, pasé la mitad del tiempo dejándome absorber por esas calles laberínticas, mirando hacia arriba, los balcones y las cúpulas, encontrando una postal en cada esquina, sacando fotos siempre que mi histérica cámara me lo permitía. Y Barcelona era una fiesta porque de pura casualidad caí en plena fiesta de la mercé: la virgen de la mercé es la patrona de la ciudad, hace muchos años salvó a los barceloneses de distintas pestes y todos los septiembres se le rinde culto. En cada plaza del barrio gótico habían armado un escenario y todas las noches tocaban diferentes bandas una detrás de la otra, mientras la gente iba bailando de aquí para allá y los paquis vendían latas de cerveza helada a un euro. Por las calles principales pasaban desfiles con carrozas, orquestas y muñecos gigantes y giratorios. Un verdadero espectáculo. Anduve vagando solo la mayor parte del tiempo, porque si bien iba a encontrarme con una amiga y tenía alojamiento en una casa de familia, decidí cortarme por las mías e interactuar con la gente que casualmente se cruzara en mi camino. Entonces amarré en un hostel en pleno barrio gótico, regenteado por una gente muy simpática y lleno de jóvenes viajeros de todas partes del mundo. Ahí y en las calles hice amigos y amigas de Alemania, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Colombia, España, Estonia, Francia e Italia. Y la pasé de puta madre en esta ciudad cada día más cosmopolita. Volví a caminar por Paseo de Gracia mirando los edificios gaudianos bien desde abajo, a patear por las ramblas, a admirar la Sagrada Familia y sus progresos que nunca llegan a terminarla, a sentarme en las entradas de los edificios en la pintoresca y nauseabunda Barceloneta, a caminar por la villa olímpica mirando el mar hasta que la playa dice basta, me fui, no estoy más. Solo y acompañado, anduve por todas partes sin parar. Un día decidí alejarme un poco de la ciudad: tomé un bondi hasta Castelldefels y me recorrí toda esa playa anchísima, me comí una paella marinera espectacular con los pies en la arena y mirando el mar, que tanto me llena de energía, y me pasé casi dos horas barrenando las pequeñas olas. La puta, que vale la pena estar vivo. Una tarde me topé con una degustación de cavas catalanas: por unos pocos euros te daban cinco copas de vino cargaditas y cuatro tapas de quesos, salames y otras delicatessen, y todo frente al puerto, mirando los veleros amarrados sobre el agua. Me quedé hasta la noche, comiendo, bebiendo y charlando con los bodegueros y otros degustadores, mientras se ponía el sol. En los escenarios de la fiesta de la mercé, me vi dos orquestas de jazz increíbles y un negro funky soul que parecía la reencarnación de James Brown. Hace tiempo que no me divertía tanto y gratis. Es que Barcelona era una fiesta, y yo estaba ahí para olvidarme de todo lo demás. Hasta el último minuto antes de emprender el viaje de vuelta, me quedé colgado viendo los fuegos artificiales finales que iluminaron el Montjuïc como si fuese de día. Al subir al bondi que me devolvió a Madrid, acaparé un asiento de dos que no era el mío, posé los ojos en mi viaje al fin de la noche mientras despedía distintas esquinas de esa Barcelona tan bella e iluminada y sonreí pensando en qué importaba lo que me deparara el futuro, con ese presente. Más tarde me quedé dormido dentro de mi propio sueño.

Tuesday, September 25, 2007

Monday, September 17, 2007

Friday, September 14, 2007

Gracias totales

Gracias amigo funes, en serio, por esa carta tan sentida y por haber colgado las cañitas luego de que endoscopía la borrara tan bruscamente. La verdad que es bueno leer algo así en estos momentos tan sensibles e inesperados, me imagino que te habrás enterado o ya te contaré. En fin, yo estoy acá haciendo muchas cosas y con toda la ilusión, tampoco es que la estoy rompiendo, más bien la estoy remando o, para ser más literal, nadando, porque ando de socorrista para juntar una moneda y poder hacerme algún viajecito. Pero poniéndole pilas, algo que me enseñó funes operator, así como yo le enseñé a tratar de ponerle onda siempre. Ya vendrán esas birringas, probablemente para fines de año, veremos cómo sigue la cosa. Gracias, de verdad.

Y a vos, que parece que volviste a leer, gracias también. Gracias por esos dos años y medio llenos de magia que me regalaste.

Monday, September 10, 2007

Vuelven los bandido mudos


Este martes leen:


CARLOS VADILLO BUENFIL (MÉXICO)


CARMEN GARCÍA ROMEÚ (ESPAÑA)


Invitada especial:

PATRICIA SUÁREZ (ARGENTINA)

Saturday, September 08, 2007

Corte latino agosto: conciertos

EL FRACASO DE TIEMPO LATINO.
El festival Tiempo Latino, anunciado con bombos y platillos para los días 8, 9 y 10 de junio pasados en el Parque Juan Carlos I, acabó siendo un fiasco. Tal vez los altos precios de las entradas contribuyó a que apenas se acercaran unas doscientas personas el día de la apertura y alrededor de trescientas el siguiente. El último día, obvio es decirlo, el concierto resultó suspendido. La estrella principal, Marc Anthony, a poco estuvo de no salir al escenario ante el decepcionante marco que le esperaba (en Barcelona acabó no haciéndolo). Los organizadores del evento habrían perdido aproximadamente unos dos millones de euros.

LOS STONES LLENARON EL VICENTE CALDERÓN.
Sus majestades satánicas desembarcaron finalmente en Madrid el 28 de junio, luego de las suspensiones del año pasado. Un impecable Mick Jagger y un Keith Richards, que luego de caerse de un cocotero y esnifar las cenizas de su padre muerto va acusando el paso de los años (en un momento dado tropezó en el escenario y cerca estuvo de caerse de espaldas) brindaron, junto al guitarrista Ronnie Wood, el baterista Charlie Watts y una banda muy aceitada, un emotivo concierto que incluyó el repaso de todos los clásicos de la agrupación británica. El toque de color: pudo verse flameando entre el público banderas de países latinoamericanos como Uruguay y Argentina.

MANÁ: DE MÉXICO A MADRID.
El grupo mexicano se dio el gusto de desbordar dos días seguidos (28 y 29 de junio) la Plaza de Toros de las Ventas, convocando a aproximadamente treinta mil personas. Con un espectáculo que derrochó luz, sonido, agua y fuego, la popular banda demostró, además, su enorme fuerza musical. La excusa era presentar su último álbum Amar es combatir, pero tampoco faltaron los clásicos Déjame entrar, No ha parado de llover y Corazón espinado que hicieron delirar a sus fans. La nota: la versión de The Wall en protesta por el muro que construyen los Estados Unidos en la frontera con México.

DIEGO TORRES CUBRIÓ SILENCIO CON CARISMA.
El cantautor argentino presentó su último trabajo Andando el 6 de julio en el Conde Duque. Y lo hizo con solvencia, evidenciando un profundo crecimiento artístico y confirmando su gran talento como cantante y compositor. En esta ocasión trajo a Madrid las nuevas canciones del disco producido por él íntegramente, que cuenta con la lujosa colaboración de los músicos Juan Luis Guerra y Joaquín Sabina. La sorpresa de la noche fue que faltando cinco minutos para la medianoche los técnicos cortaron el sonido alegando posibles molestias a los vecinos y lo dejaron en silencio. Pero Diego no se amilanó, consiguió un megáfono y logró terminar a capella su himno: Color esperanza.

Wednesday, September 05, 2007

Cambio de rumbo: lecturas

"Hacía buen tiempo. Caminaba por la calle, manteniéndome lo más cerca posible de la acera. La acera más ancha nunca es lo bastante ancha para mí, cuando me pongo en movimiento, y me horroriza importunar a desconocidos. Un guardia me detuvo y dijo, La calzada es para los vehículos, la acera para los peatones. Parecía una cita del antiguo testamento. Subí pues a la acera, casi excusándome, y allí me mantuve, en un traqueteo indescriptible, por lo menos durante veinte pasos, hasta el momento en que tuve que tirarme al suelo, para no aplastar a un niño. Llevaba unos pequeños arneses, me acuerdo, con campanillas, debía creerse un poney, o un percherón, por qué no. Le hubiera aplastado con gusto, aborrezco a los niños, además le hubiera hecho un favor, pero temía las represalias. Todos son parientes, y eso le impide a uno tener confianza. Se debería disponer, en las calles concurridas, de una serie de pistas reservadas a estos sucios pequeños seres, para sus cochecitos, aros, biberones, patines, patinetes, papás, mamás, tatas, globos, en fin toda su sucia pequeña felicidad. Caí pues y mi caída arrastró la de una señora anciana cubierta de lentejuelas y encajes y que debía pesar unos noventa kilos. Sus alaridos no tardaron en provocar un tumulto. Confiaba en que se había roto el fémur, las señoras viejas se rompen fácilmente el fémur, pero no lo bastante, no lo bastante. Aproveché la confusión para escabullirme, lanzando imprecaciones ininteligibles, como si fuera yo la víctima, y lo era, pero no hubiera podido probarlo. Nunca se lincha a los niños, a los bebés, hagan lo que hagan son inocentes a priori. Yo los lincharía a todos con suma delicia, no digo que me pondría manos a la obra, no, no soy violento, pero animaría a los demás y les pagaría una ronda cuando hubieran acabado. Pero apenas recuperé la zarabanda de mis coces y bandazos me detuvo un segundo guardia, parecidísimo al primero, hasta el punto de que me pregunté si no era el mismo. Me hizo notar que la acera era para todo el mundo, como si fuera evidente que a mí no se me podía incluir en tal categoría. ¿Desea usted, le dije, sin pensar un sólo instante en Heráclito, que descienda al arroyo? Descienda a donde quiera, dijo, pero no ocupe todo el sitio. Apunté a su labio superior, que tenía por lo menos tres centímetros de alto, y soplé encima. Lo hice, creo, con bastante naturalidad, como el que, bajo la presión cruel de los acontecimientos, exhala un profundo suspiro. Pero no se inmutó. Debía estar acostumbrado a autopsias, o exhumaciones. Si es usted incapaz de circular como todo el mundo, dijo, debería quedarse en su casa. Lo mismo pensaba yo. Y que me atribuyera una casa, no tenía por qué molestarme. En ese momento acertó a pasar un cortejo fúnebre, como ocurre a veces. Se produjo un gran tráfago de sombreros al tiempo que un mariposear de miles y miles de dedos. Personalmente si no hubiese tenido más remedio que persignarme me habría empeñado en hacerlo como es debido, nacimiento de la nariz, ombligo, tetilla izquierda, tetilla derecha. Pero ellos, con sus roces precipitados e imprecisos, te hacen una especie de crucificado enfurecido, sin el menor decoro, las rodillas bajo el mentón y las manos de cualquier manera. Los más encarnizados se inmovilizaron y dejaron oír algún balbuceo. El guardia, por su parte, se cuadró, con los ojos cerrados, la mano en el quepis. En las berlinas del cortejo fúnebre entreveía gente departiendo animadamente, debían evocar escenas de la vida del difunto, o de la difunta. Me parece haber oído decir que los arreos del coche fúnebre no son los mismos en los dos casos, pero nunca he conseguido averiguar en qué consiste la diferencia. Los caballos pedorreaban y cagaban como si fueran a la feria. No vi a nadie de rodillas."


(Samuel Beckett, Relatos, Tusquets Editores, Buenos Aires, 2003, fragmento arbitrariamente escogido por superloyds del relato El expulsado, año 1945)

Tuesday, September 04, 2007

Corte latino agosto: películas

Estrenos cine.

SUSPIROS DEL CORAZÓN.
Inocente cinta romántica rodada por el director argentino Enrique Gabriel. Seguramente desde el propio título el objeto es empalagar al espectador sin ningún disimulo. Caso contrario sería imposible justificar tanto exceso de fantasía utópica, idealización amorosa y cursilería. De todas maneras, aún si aceptáramos como recurso válido el juguetear con lo naif, lo absurdo y con sentimientos y emociones olvidadas en el mundo moderno, la propia estructura argumental acaba resultando kitsch. Las interpretaciones de los jóvenes actores Roger Coma y María Dupláa no logran brindarle a la historia la solidez suficiente para salir airosa en la explícita apuesta del director. Sí resulta creíble un brillante Alejandro Awada y los inmigrantes revolucionarios Osvaldo Bonet y Gianni Fiori, que protagonizan la escena más lograda de la película cantándose mutuamente consignas políticas de sus países de origen.

BARRIO CUBA.
Es una película muy bien filmada y con pocos recursos, hay que decirlo. La fotografía es impecable, aunque La Habana y sus paisajes colaboren mucho en este sentido. También la música es muy acertada. Barrio Cuba retrata con dureza la actualidad de la vida en la isla, a través de distintos personajes cotidianos que la pasan realmente mal (una mujer muere en el parto y su marido abandona al bebé, una pareja no puede tener hijos, otra decide emigrar y dejar a sus ancianos padres solos, un hijo homosexual no es aceptado por su padre y su hermana decide prostituirse). Tal vez a raíz de tanto sufrimiento y de tanto llanto a moco tendido la historia pierda un poco de credibilidad, aunque este exceso de lágrimas no logre hacer naufragar la película, principalmente por la magistral interpretación de grandes actores como Luisa María Jiménez y Jorge Perugorría.

En DVD.

EN EL HOYO.
Este documental, obra de Juan Carlos Rulfo, hijo del genial autor de Pédro Páramo, recorre la construcción de una autovía en México D.F. entre los años 2003 y 2006. Sus personajes son los obreros que, salvo en el caso de José “el grande”, no logran dejar de sentirse intimidados en ningún momento (hasta el más suelto busca complicidad detrás de cámara) ni entretener al espectador, lo que tal vez se deba a un guión carente de hilo narrativo, que se pierde en nimiedades (se muestra un cumpleaños, una familia, una casa y hasta el corte de pelo de un obrero) y, quizá consciente de ello, luego quiere sorprender (sin éxito) con la aparición de una guardiana que alude a obreros muertos, almas en pena, poderes sobrenaturales y conversaciones con Dios. Es de destacar, sí, la arriesgada banda de sonido, casi toda instrumental, que experimenta, que juega con los propios ruidos de la obra, y los efectos visuales, la manera en que la cámara flirtea con la velocidad y la luz. Genial el recorrido aéreo final de la obra terminada, musicalizada con un remix que incluye frases de los obreros.